El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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de la corona. No sé qué va a suceder cuando fallezca mi padre, pero la
verdad es que no auguro nada bueno ni para el reino ni para sus hijos.
—Tranquilízate, Sancho. Tampoco será tan grave. ¿Qué decisiones ha
tomado tu padre?
—¿Qué me tranquilice? Mira, a Alfonsito le deja el reino de León, la
joya de la corona, con las parias de la taifa Toledo —Sancho hace un sonido
similar al que puede hacer un perro rabioso—. A mí me deja Castilla con las
parias de la taifa de Zaragoza. Galicia y Portugal a nuestro hermano García
con las parias de Badajoz y Sevilla —vuelve a gruñir— y a mis hermanas
Urraca y Elvira les lega las ciudades de Zamora y Toro con sus
correspondientes rentas. ¡Menudo desaguisado! Y ya sabes que, encima, mi
hermana Urraca tiene preferencias por Alfonso, con lo que veremos como
acaba la cosa. Podríamos tener un reino floreciente y mi padre se dedica a
hacerlo trozos. Encima, con lo bien que nos llevamos, veremos si no
aprovechan los moriscos del sur para atosigarnos y hacernos perder terreno
—gruñe de nuevo—. Por cierto, también me ha dicho que la próxima
semana te nombrará caballero. Está muy sorprendido por tus progresos y
sabe de tu lealtad a la corona. ¡Enhorabuena!
—Bueno, Sancho, gracias, en primer lugar, por la grata noticia de mi
nombramiento. Sabes que lo deseaba con toda mi alma y no os defraudaré.
Por otro lado, no te ofusques, las costumbres de los reyes cristianos siempre
han sido esas: legan sus dominios a todos sus hijos, siempre los parten y
reparten. No te tendría que extrañar, en cierto modo es comprensible: un
padre debe tener complicado dejar todo a un hijo y nada a los otros. Yo
también entiendo que, probablemente, para el reino, no es lo mejor, pero
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