El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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La guerra es muy triste, mamá, he visto cosas que ni me podía imaginar.
Siempre que se habla de las batallas parece que todo es glorioso, pero no
cuentan las miserias de la guerra. No quiero entrar en detalles contigo de
lo que se vivió, así que lo dejaré ahí.
Quiero decirte que tanto Sancho como el resto de oficiales del ejército
me felicitaron por mi comportamiento en la batalla. Llevé la espada de
padre y el caballo que tu me regalaste. Tanto lo uno como lo otro han
vuelto conmigo. En algún momento, temí por mi caballo, pero, finalmente,
al terminar la batalla, lo encontré asustado, pero sano y salvo.
El rey Ramiro de Aragón fue muerto por un soldado morisco disfrazado
de cristiano. Luego, me enteré que el soldado en cuestión se llama
Sadadah y que, con ropaje de soldado cristiano así como el yelmo que sólo
dejaba ver sus ojos, se acercó al rey y le clavó la lanza en un ojo. Tengo
que reconocer que, por un lado, me parece una muerte sin honor y fruto de
engaño, pero, por otro lado, debido a dicho incidente, las tropas
aragonesas se retiraron y se evitaron muchas muertes en ambos bandos.
Dicen que no hay mal que por bien no venga. El rey aragonés no murió en
el acto, pero duró poco tiempo.
Yo, que no te lo he dicho y debería haber sido lo primero en contarte,
estoy bien. No sufrí herida alguna de importancia en la batalla. Algún
rasguño del que ya no quedan restos. Espero que te llegasen las noticias de
mi estado por el emisario que te envió el príncipe Sancho. Se porta muy
bien conmigo y, debido a mi preocupación por informarte, me dijo que te
enviaría una nota tranquilizadora.
Ahora, he decidido seguir formándome en este arte de batallar que
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