El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

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Sancho de cosas banales, de anécdotas de la batalla, de los paisajes que
íbamos viendo en nuestro camino. Y a pensar. A pensar como convertirme
en alguien de quien mi padre, que en gloria esté, y mi madre estuviesen
orgullosos. Alguien de quien yo mismo estuviese orgulloso por servir bien a
mi rey y a mi dios.
Por cierto, qué bonitas son las tierras de Castilla y León.
Esta vez, hemos tardado treinta días en la travesía desde Graus hasta
León.
Queridísima madre,
Lo primero que quería decirte es que te echo mucho de menos. Aquí,
aunque tengo grandes amigos, el mejor de ellos Sancho, me acuerdo
siempre de tus buenas palabras, de tus caricias y de tus consejos. También
me acuerdo mucho de padre.
Como ya sabrás, hemos acudido a la ayuda de la ciudad de Graus.
Pertenece a la taifa de Zaragoza y siempre cumple con sus pagos de parias
al rey. Pues bien, el rey Ramiro de Aragón, que en paz descanse, puso sitio
a la ciudad y el rey Fernando se vio en la obligación de mandar a su
ejército en su ayuda. Sancho solicitó a su padre el llevarme con él y el rey
accedió.
De camino hacia Graus, estaba bastante nervioso, pues me encaminaba
a la batalla. Me he preparado duramente durante estos cuatro años que he
permanecido en la corte, pero no me había enfrentado con los avatares de
una batalla real.
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