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EL AMOR PERSONAL EN CARLOS CARDONA
Intentamos poseerlo porque su valor y su belleza no nos impresiona de
modo superficial, sino en nuestro centro; su amabilidad nos ha sellado. Por
esta razón, Tomás califica el amor como Pasión” 100 . Pero la pasión es
«servidora de la virtud». Lo que nos hace buenos es la virtud, entendida en
función del amor: “entenderemos mejor las virtudes si no las consideramos
como actos de razón, sino más bien como estrategias de amor”101. Podemos
recordar cómo Cardona, en la Metafísica del bien y del mal, explica las
virtudes de la justicia, prudencia, templanza y fortaleza en función del
amor.
Wadell desarrolla la virtud y la pasión a partir del amor. Porque el amor
es la piedra angular de la ética tomista, y culmina en la felicidad de vivir
junto a Dios. La primacía del amor se refleja, para Wadell, en el comienzo y
el fin del obrar moral. La vida moral comienza en la amabilidad que nos
afecta; y su fin es la entrega, “convertirnos en personas capaces de decir
que sí al amor perfecto”102.
Frederick Wilhelmsen, en La metafísica del amor (The Metaphysics of Love,
1962), toma como punto de partida «lo trágico y lo extático» dentro de la
vida de la persona humana, tal como la encontramos en la historia103.
En la estructura ontológica del hombre, encuentra dos órdenes o
dimensiones: lo trágico y lo extático. “Ambos órdenes se encuentran dentro
de todos los seres humanos que hayan alcanzado la edad de la responsabilidad”104. Un análisis existencial de la dimensión trágica de la vida, le revela
la contingencia humana. La persona humana es consciente de su propia
finitud, “el hombre conoce su propia contingencia. Como el hombre es un
100
Ibid., p. 247
101
Ibid., p. 29. Cfr. Ibid., p. 33
102
P. J. WADELL, La primacía del amor, cit., p. 252. Cfr. Ibid., p. 246
103
F. D. WILHELMSEN, La metafísica del amor, Rialp, Madrid 1964, p. 59
104
Ibid., p. 18
