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siguiente Josephine dio a luz a Victoria, mientras que su tercer hijo, nacido en 1894
después de la trágica muerte de Eugenio el explorador, se llamó con el mismo nombre
en memoria del heroico pero desafortunado hermanastro.
La energía que Emanuele prodigaba en todos sus actos y su excelente aspecto físico no dejaron sospechar que fuera seriamente enfermo. En aquel tiempo no existían
curas válidas contra la diabetes. Empezó rápidamente a desmejorar. Siguió yendo a su
oficina en el Campidoglio hasta el mes de octubre de 1899, pero luego se sintió tan débil que guardó cama durante el mes siguiente. La princesa Josephine estaba aterrorizada: todavía era joven y sabía que hubiera sobrevivido a su marido, pero no de cincuenta
y tres años, como de hecho ocurrió. Ella dividía el tiempo entre los niños de ocho, siete
y cinco años ignorantes de la tragedia en ciernes y la cama del marido. En el palacio
reinaba una gran tristeza. Emanuele se encontraba prácticamente en coma, cuando en las
primeras horas del 29 de noviembre su médico, el ilustre profesor Baccelli ordenó una
sangría que pareció aliviar de momento al enfermo.
Pero saliendo de la habitación dijo el profesor: «La situación es desesperada, el
fin es inminente.» Cuando su sufrimiento terminó a las 9:15 horas, estuvo presente el
párroco para darle la extremaunción y rezar las oraciones para los difuntos. En el cuarto
adyacente se encontraban la princesa, el hermano Luís, el caballero Albertini, jefe de su
gabinete y el caballero Bianchi, secretario general del ayuntamiento. Tras el aviso, se
personó en seguida el pro-alcalde con un aspecto literalmente trastornado. El Campidoglio expuso la bandera a media asta y los romanos honraron la memoria de su alcalde
durante tres días de luto oficial.
El tres de diciembre una lenta procesión atravesó el centro de la ciudad entre dos
tupidas alas del pueblo conmovido. A lo largo del recorrido se dispusieron en orden dos
hileras de soldados en posición de presentar las armas. El coche funerario, con seis caballos enjaezados a luto, estuvo flanqueado por los dos lados por el servicio de la casa
en librea, a continuación iba la princesa viuda con sus tres niños: Francisco, Victoria y
Eugenio, los hijos: Mario, Catarina y Margarita con sus consortes, las más altas autoridades del Estado, el consejo municipal al completo, el cuerpo diplomático acreditado
ante el Estado italiano y los representantes de todas las instituciones benéficas y asistenciales fundadas por el difunto.
La procesión terminó ante la iglesia parroquial de San Bernardo, donde el cardenal vicario había autorizado el ingreso de los restos mortales de Emanuele para celebrar
una misa para los difuntos. Sin esta autorización, los restos hubieran podido solo ser
bendecidos ante el entierro. Este fue un postrero gesto de generosidad del Vaticano ante
el primer funcionario de la administración civil romana, en un tiempo en que la Santa
Sede no había todavía olvidado la ofensa recibida de Italia y máxime cuando la familia
real de los Saboya todavía estaba excomulgada.
Este es mi parentesco con mi bisabuelo Emanuele:
Don Emanuele Ruspoli, 1º Principe di Poggio Suasa7, etcétera 1838-1899 &1885
Doña Joséphine Beers-Curtis (Paris, 1861-1943)
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La denominación del título fue por una antigua ciudad de época romana, cuyas ruinas todavía se podían
advertir en la finca de Emanuele que llevaba el nombre de Poggio Suasa, en el término municipal de San
Lorenzo en Campo, provincia de Pesaro y Urbino (Le Marche). Fue concedido a Emanuele por el rey
Víctor Emanuel II por sus grandes méritos como oficial del ejército, tanto en el campo de batalla como en
la diplomacia, en 1864.
