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LA VIDA MfSTICA DE JEStfS
zar la iluminaci 6n espiritual y la conciencia cdsmica despu6s de haberse preparado. Segun una
antigua creencia, basada en las misticas ense
nanzas orientales, cuando el discipulo esta prepa~
rado, aparece el Maestro que ha de guiarle e instru irle en las superiores cosas de la vida. Pero
la preparacion requiere ante todo merecimiento y
sinceridad de proposito; y a menos que el individuo este dispuesto y debidamente preparado para
recibir la instruccion, la guia y la ayuda del proceso basado en leyes espirituales, no aparecera el
M aestro ni se m anifestara la in tern a conciencia
cosmica ni habra la patente iluminacion de la
trascendental luz. El merecimiento ha de locjrarse,
la preparacion m anifestarse y la aptitud obtenerse por voluntario esfuerzo.
Asi como Ju an fue enviado a p rep arar el camino; asi como los grandes av ataras del pasado
creyeron necesario predicar y ensenar p ara predisponer a las gentes a la regeneracion esp iritu al;
y asi como Jesus ensend a Sus discipulos y a cuan
tos le escuchaban, que podian com prender intelectualm ente y espiritualm ente reconocer las leyes
y principios conducentes al desenvolvimiento es
piritual, asi tambien los instructores y Maestros
de las escuelas esotdricas de la F ratern id ad en to
dos los paises, m antuvieron los sistem as de instruccion y metodos de preparacidn, cuya eficacia
sanciono la experiencia.
El anheloso de divina iluminacion y de con
ciencia cosmica que intenta esperar la venida del
M aestro sin estudio ni preparacion ni relacionarse con quienes son capaces de ayudar y asistir,
difieren la llegada del gran dia y a menudo cierra n la p uerta a la venida del Maestro. Por esta
LA MISldN DE CRISTO
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razdn consideramos necesario el establecimiento
de las iglesias y la conservacion de los comunidades esotericas y asociaciones dedicadas a la p re
paracidn espiritual de las gentes.
Jesus entro en el agua, y Ju an estaba a su lado
dispuesto a darle su humilde bendicion. Al salir
Jesus del agua, y antes de que Juan pudiese ha
blar, un vivisimo fulgor descendido del cielo ro
deo a Jesus como una magnificiente y deslumbradora au ra de irisado esplendor. Juan retrocedio
unos pasos, mas bien ofuscado por la luz que impelido por el asombro, y la m ultitud quedd estupefacta, muda de espanto, como hechizada por tan
insolito espectaculo. E n seguida descendio del cie
lo una blanca y luminosa paloma, tan brillante
como plata fundida y tan esplendorosa como la es
piritual luz que envolvia el cuerpo de Cristo. La
paloma se poso sobre el hombro de Jesus, y mientra s todos estaban inmoviles y silenciosos, se oyd
una voz melodiosa, pero resonante como llamamiento de trom petas que dijo: “ Este es mi Hi jo
muy am ado.”
Ju an y los demas esenios que alii estaban, conocieron que el E spiritu Santo habia descendido
sobre Jesus, como en otro tiempo descendiera so
bre M aria, y habia creado en fil un nuevo ser:
el divino ser del Cristo H ijo de Dios, como habia
creado en M aria un nuevo ser y un H ijo de Dios.
