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LA VIDA MlSTICA DE JESUS
LA MISION DE CRISTO
Moeris, en la comarca Fayuum de Egipto, en don
de florecia una de las mas prim itivas y adelantadas civilizaciones de dieho pais.
Recientemente hice una excursion a aquel lu
g ar en compania de otros miembros de nuestra
F raternidad, y vi el hermoso lago, que todavia es
un m isterio p ara quienes han tratad o de descubrir
el origen de sus aguas, lejos del Nilo y en el corazon de aridas tierras. Alii reprodujim os en su
maxima sublimidad la prim itiva ceremonia del
bautismo y celebramos simbolicamente el antiguo
rito.
Segun las crdnicas de la Orden Rosacruz, fue
la prim era vez que un numeroso grupo de hombres y m ujeres unidos en un comun sentimiento
de reverencia participaron en este rito ceremonial
desde los dias anteriores a C risto; y por tanto,
era tam bien la prim era vez en la historia del mun
do que dicho grupo de norteam ericanos recibieron
el bautismo en las orillas del lago Moeris. D uran
te siglos estuvo este hermoso lago sin que lo visita ra n tu ristas europeos o americanos, y durante
millones de ahos, su historia y su conexion con
el rito cristiano del bautismo permanecieron ignoradas excepto para los miembros de la Orden
Rosacruz y de las ram as de la F raternidad en Ti
bet, India y Egipto.
Los judios consideraban a Juan perteneciente
a la vigorosa raza de Juda. Al verle tan agrestemente vestido le diputaron por asceta. Su tunica
de piel de camello era simbolo de penitencia y sus
palabras las de un antiguo prof eta. Escogio Juan
las riberas del Jordan por escenario de la obra
que deseaba realizar entre los pobres y humildes,
de modo que atrajo la atencion de millares de
gentes que en sus palabras hallaban consuelo y
esperanza. El valle del Jordan parecia como si
estuviese separado del resto del mundo en terrorifico contraste con las demas comarcas de P a
lestina, pues se extendia por alii una region volcanica, h asta el punto de que las gentes la llamaban el m ar de la Soledad; y sin embargo, alii ha
bian celebrado prim itivam ente los esenios sus admirables ceremonias y establecido una de sus prim eras comunidades. E ra verdaderam ente una tie
rr a sagrada p ara Juan, cuyo mensaje coincidia
con el que durante toda su vida esperaban escuchar los judios: la venida del Mesias. Pero Ju an
les amonestaba diciendo que habian de prepararse con verdadero espiritu de arrepentim iento p ara
la venida del Mesias. El fervor de Juan y la ener
gia con que proclam aba que solo podrian ver al
Mesias los arrepentidos, los purificados y libres
de todo pecado, conmovia a los buenos y levantaba hostilidad en los estrictam ente ortodoxos.
De todas partes de Palestina llegaban gentes
deseosas de escuchar el mensaje de Ju an y presenciar sus extranas ceremonias en las aguas del
rlo. P or entonces se derram b la voz de que en
otros paises tam bien anunciaban otros profetas la
venida del Mesias, y por todas partes se repetia
la antigua profecia que de la tierra de Egivto vendria el H ijo de Dios.
Se instalaron en las m argenes del rio campamentos en donde las gentes fervorosas permanecian semanas enteras en espera de que apareciese el Mesias en medio de la m ultitud alii congregada los dias festivos. Algunos pidieron permiso
p ara fo rm ar un grupo que colaborase en la obra
de Juan, y bajo su mando emprendieron la guerra
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