La Vida Mistica de Jesus cerca de 1934 pdf.pdf


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LA VIDA MfSTICA DE JESUS

interior ardiera un vivo fuego que esperase tan
solo la senal p ara incendiar todo el pais. Tambien
aguardan hoy los egipcios el dia en que el fo r­
midable poder de iluminacion subyacente en sus
tradiciones y secretos archivos restau re la grandeza de su pais.
Asi como podia presentirse facilmente la posibilidad de una conflagration en Egipto, asi cabe
comprender y estim ar las condiciones existentes
en Palestina cuando el nacimiento del M aestro
Jesus.
Las gentes estaban inquietas, porque sentian
el yugo sobre su cerviz, se daban cuenta de la
esclavitud en que se hallaban y creian que muy
corto tiempo iba ya a durar.
E n el orden social, las masas populares esta­
ban entregadas al vicio y a degradantes practicas
y predominaba el libertinaje. La in trig a y el cri­
men habian contaminado los tribunales, y el po­
der civil estaba dividido entre la nobleza y el
sacerdocio. La nobleza solo apetecia groseros goces y se m antenia dentro de la ley cuando le era
posible lograr sus egoistas fines. Muchos nobles
pertenecian a la secta de los saduceos, m ientras
que la adversaria secta de los fariseos, de los que
se llamaban “puros” y no querian trato s con na­
die, se empenaban de continuo en m antener la rigurosa y estricta obediencia a la letra de la ley.
Los saduceos eran enemigos de los fariseos, mayormente de los que ocupaban elevadas posiciones.
La masa popular estaba oprim ida e ignoraba
la verdadera situation del pais; pero creian que
el advenimiento de un poderoso caudillo los elevaria por encima de su ambiente. No es extrano que
el vulgo indocto e inexperto en las cosas de la

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LOS VECINOS DE JEStfS

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vida, se adhiriese a un movimiento de opinidn que
le prom etia emanciparlo de la esclavitud y encumbrarlo a las altu ras en que sonaban; pero los caudillos a quienes seguian los dejaban am argam ente
desalentados.
C ifraban su m agna esperanza en la venida del
Mesias prometido que iba a cam biar ta n penosas
condiciones y unificar y consolidar al pueblo de
Israel. Nadie sabia como iba a realizarse la espe­
ranza, y unicam ente los que capitaneaban los falsos movimientos pretendian vaticinar el porvenir.
L a corona de David, de cuya estirpe habia de
nacer el prometido Mesias, estaba ya en extranjeras sienes. E l sumo sacerdote era tan s61o judio
por su cargo, pues en politica e ra romano y en
cultura griego. P o r lo tanto, el Mesias que habia
de libertarlos como hiciera Moises, no podia surg ir de linaje de quienes estaban al fren te de la
nation ni tampoco podia provenir de la casta
sacerdotal.
U na frase perm anecia en la conciencia del pue­
blo: “ De entre tu s herm anos levantare uno que
guiara a mi pueblo.”