Diario personal de Skye Duncan.pdf


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quieres que te hable de los últimos avances científicos y de quienes estuvieron allí... Pero lo siento, eso no te
lo voy a contar. Solo tengo ganas de hablar del maravilloso viaje de ida hasta Chicago en la mono-volumen.
Se encargó Curt de alquilarla y cuando vino a recogerme con ella yo estaba en casa nerviosa perdida y con
toda la discografía de los Beatles
preparada para el viaje... Y es que... ¿A
quién no le gustan los Beatles?
Viajamos de día, me cubrí bien del sol y,
cuando no podía me iba a los asientos de
atrás, pues con las lunas tintadas no me
afectaba. El pobre llevó él solito el coche
hasta Cleveland. Menuda paliza se pegó.
Fueron casi ocho horas conduciendo.
Allí fuimos directos a visitar "Falls Park
on the Reedy". Nunca pude imaginar que
podría existir tanta belleza natural dentro
de una ciudad. Paseamos por allí con los
peques dentro del zurrón. Se portaron de
maravilla... Los cuatro.
Cenamos por allí y nos acostamos pronto, en el colchón que llevábamos en la parte trasera de la monovolumen. Teníamos sitio de sobra dormir los dos sin molestarnos, aunque a mí no me hubiese importado
nada estar más pegados. Tardamos bastante en quedarnos dormidos, la verdad es que no parábamos de
hablar de cualquier cosa y yo estaba realmente nerviosa y feliz. No sé cuando nos dormimos ni quien fue el
primero, solo sé que quise moverme y me desperté porque algo me lo impedía. Al abrir los ojos me encontré
que Curtis había acomodado su cabeza sobre mi vientre y descansaba allí, abrazado a mí. Sentí que me
derretía por dentro. Con cuidado de no despertarle, pues no quería que se retirase, le comencé a acariciar su
negro cabello, hasta que me volví a quedar dormida.
Al despertar desayunamos por allí, dimos una vuelta con los peques para estirar las piernas y espabilarnos
y retomamos el viaje a Chicago antes de que el sol estuviese demasiado alto. Al menos esta vez fueron cinco
o seis horas lo que nos distanciaban de una ciudad a otra. Llegamos a las dos o así y nos fuimos directos
al Ohio House Motel. Después de mucho deliberar sobre el tema, cogimos una habitación para los dos con
camas separadas. La verdad es que lo hicimos más por la comodidad de la ducha y el baño que por otra
cosa, puesto que ambos dormimos muy bien en la furgoneta aquella noche.
Descansamos un poco, nos duchamos y me puse a escribir la charla, mientras Knox me ayudaba con las
notas.
Al día siguiente nos dimos un paseo por la ciudad, visitamos
el Museo de Ciencia e Industria y el Planetario Adler.
Prácticamente no paramos en todo el día y la verdad es que
nos organizamos muy bien para no tener que dejar a los
peques demasiado tiempo solos en el Motel. Por la noche
pedimos unas pizzas y nos quedamos en la habitación,
continuando con la charla para la convención, quedándonos
dormidos al final en la misma cama, viendo una película en
la Tv por cable.

El día 16, salimos del Motel y nos marchamos al Hotel donde se realizaba la convención. Concretamente era
el Congress Plaza Hotel. Allí comprobaron quienes éramos y nos dieron las tarjetas identificativas con
nuestros nombres, el folleto con las charlas y un largo etc. Las habitaciones nos las dieron separadas...
muy separadas: 126 la mía y la suya la 202, plantas distintas. La verdad es que me sentó mal ver que
estábamos tan lejos y tan cerca a la vez. Si Chandler hubiese hecho las cosas cuando se lo dije, seguramente
hubiésemos tenido habitaciones contiguas...
Asistimos a la inauguración y los actos previos al evento, los cuales se desarrollaron todos a lo largo de esa
misma tarde hasta casi la hora de la cena. Knox si se encontró con conocidos y colegas, a los cuales