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241 Dios dicta el propósito de cada hombre, sin Dios el hombre carece de un
propósito y es esclavo de los demás.
242 El propósito de cada hombre es propio de cada uno y el acercamiento y
entendimiento de Dios le ayuda a comprender su propósito.
243 El hombre puede tener más de un propósito, debido a esto debe de
priorizar aquel de mayor importancia.
244 El propósito del hombre puede cambiar, durante el transcurso de una vida
Dios puede comunicar un cambio en la dirección que se debe seguir.
245 El hombre siendo un medio con el que Dios puede comunicarse puede
ayudar a otros a encontrar un propósito si se empeña en hacerlo.
Parte quincuagésima. Dios y el sexo.
246 Para el vermista el sexo no cumple únicamente un propósito reproductivo.
247 En cuanto las actividades sexuales sean actos privados entre adultos
competentes y de forma consensuada la vida sexual de las personas no compete
más que a Dios y a ellas mismas.
248 Es necesario que el vermista aprenda al menos de forma superficial sobre el
sexo, desde diferencias biológicas entre hombres y mujeres hasta la prevención
de enfermedades y embarazos.
249 La prostitución debe ser una actividad voluntaria tomada como opción por
personas adultas y competentes, debe también estar regulada por el estado. Se
acepta en el vermismo la pornografía si esta es entre adultos competentes de
forma consensuada.
250 Se considera a las personas que convierten los asuntos referentes a la
sexualidad privada en dilemas morales de la sociedad como degenerados
psicológicamente dañados. Lo mismo aplica a las personas que no pueden
separar lo sexual de lo físico.
Parte quincuagésima primera. Deicidio.
251 Es el deicidio la muerte de una deidad o su desaparición.
252 Todos los dioses han sido muertos por Dios quien en su gloria y poder
eliminó a los demás para bien de los hombres.
253 Todos los dioses paganos están muertos.
254 Todo dios que no estuviese muerto es inferior a Dios y le debe su sumisión.
255 Lo que ha quedado de los dioses paganos son sus cadáveres, los problemas
inspirados por la religión son la putrefacción de los mismos y quienes lucran de
la religión son carroñeros.
Parte quincuagésima segunda. Dios y el mal.