alejandro dumas el hombre de la mascara de hierro (1).pdf

Vista previa de texto
––Pues resulta que si quedase comprobadas la apropiación de los trece millones...
––Lo está.
––Quiero decir si se hiciese pública.
––Mañana lo sabría todo el mundo si Vuestra Majestad...
––Si no fuese el huésped del señor Fouquet ––repuso con bastante dignidad Luis XIV.
––En todas partes el rey está en su casa. Sire, y sobre todo en las casas pagadas con su
dinero.
––Paréceme ––dijo Felipe en voz baja a Aramis, ––que el arquitecto que construyó esta
cúpula, previendo el uso que harían de ella, debía haberla hecho móvil para que uno pudiese desplomarla sobre la cabeza de canallas como Colbert.
––Lo mismo estaba yo pensando ––repuso Herblay. ––pero como en este instante Colbert está tan cerca del rey...
––Es verdad, esto provocaría una sucesión.
––De la que vuestro hermano menor cosecharía todo el fruto, monseñor. Pero lo mejor
que podemos hacer es callar y seguir escuchando.
––Creo que no escucharemos largo espacio ––dijo el príncipe.
––¿Por qué?
––Porque yo, de ser rey, no diría una palabra más.
––¿Qué haríais?
––Esperaría a mañana para reflexionar.
Luis XIV levantó por fin los ojos, y al ver que el intendente aguardaba, mudó de conversación diciendo:
––Señor Colbert, va haciéndose tarde y quiero acostarme.
––¡Ah! ––repuso el intendente, ––creí...
––Mañana por la mañana resolveré.
––Está bien, Sire ––dijo Colbert contrariado, y retirándose a una señal del rey.
––¡Mi servidumbre! ––dijo éste.
Entrado que hubo la servidumbre en el dormitorio de Su Majestad, Aramis dijo con su
habitual dulzura:
––Cuanto acaba de pasar no es sino un incidente del que mañana ya no nos acordaremos, pero el servicio de noche, la etiqueta con que suele acostarse el rey, es asunto de
importancia. Mirad y aprended cómo debéis acostaros, Sire.
COLBERT
La historia nos dirá, o más bien nos ha dicho las suntuosísimas fiestas que al día siguiente dio a Luis XIV el superintendente. Dos grandes escritores se han comprobado en
la reñida com petencia entablada entre la “cascada y el surtidor”, de la lucha empeñada
entre la “fuente de la Corona y los Animales”, para saber cuál se llevaba la gloria. Así
pues, el día siguiente fue de diversiones y de alegría: hubo paseo, banquete y comedia,
comedia en la cual, y con asombro, conoció Porthos a Moliére que desempeñaba uno de
los papeles de la “farsa” los °Importunos”.
Luis XIV, preocupado en la escena de la víspera y dirigiendo el veneno vertido por
Colbert, durante todo aquel día se mostró frío, reservado y taciturno, sin embargo de reproducirse a cada paso en aquella encantada mansión todas las maravillas de las “Mil y
una noches”.
