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Cientos de personas fueron detenidas
arbitrariamente. Muchas denunciaron haber
sido heridas, golpeadas o sometidas a otros
malos tratos durante el arresto y ya bajo
custodia.
INFORMACIÓN GENERAL
El año estuvo marcado por la inestabilidad
política y económica y por la preocupación
creciente en materia de seguridad derivada
del estallido en abril de enfrentamientos
militares en gran escala en Nagorno Karabaj,
región separatista de Azerbaiyán apoyada por
Armenia. El 8 de septiembre dimitió el primer
ministro Abrahamyan, que aludió al fracaso
de su gobierno al abordar los retos
económicos y políticos. El 13 de septiembre,
el presidente Sarkisian nombró nuevo primer
ministro al ex alcalde de Ereván Karen
Karapetyan.
USO EXCESIVO DE LA FUERZA
El 17 de julio, varios hombres armados
asaltaron una comisaría de policía del distrito
de Erebuni, en Ereván; mataron a un agente,
hirieron a dos y tomaron a varios como
rehenes.
Tras la toma del recinto, cientos de
personas se concentraron en la plaza de la
Libertad para expresar su solidaridad con los
asaltantes, sumarse a su demanda de
liberación de un activista de la oposición
encarcelado (Jirair Sefilian, acusado de
posesión ilegal de armas) y pedir la dimisión
del presidente. El pulso sostenido durante
dos semanas con la policía desencadenó
manifestaciones generalizadas contra el
gobierno en Ereván, que dieron lugar a varios
enfrentamientos con la policía. Las protestas,
diarias, remitieron tras la rendición de los
asaltantes el 30 de julio. Aunque la policía
permitió las concentraciones pacíficas en la
mayoría de los casos, detenía de manera
habitual a manifestantes y otras personas. En
varias ocasiones recurrió al uso excesivo de
la fuerza para disolver manifestaciones en
Ereván.
El 20 de julio estallaron enfrentamientos
cuando la policía se negó a permitir que los
manifestantes hicieran llegar alimentos al
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grupo armado que estaba dentro del recinto.
Algunos manifestantes empezaron a empujar
a los agentes y a lanzar piedras y botellas de
agua. La policía respondió con el uso
indiscriminado de granadas paralizantes y
gas lacrimógeno, hiriendo a muchos
manifestantes pacíficos y transeúntes, y
después procedió a disolver la concentración
y detener a los participantes. Varios testigos
presenciales afirmaron que los agentes
habían perseguido y golpeado a
manifestantes que huían y los habían
detenido; según informes, se detuvo a 136
personas y hubo decenas de heridos.
El 29 de julio, la policía empleó fuerza
excesiva contra manifestantes pacíficos en
Sari-Tagh, cerca del recinto tomado al asalto.
La policía advirtió a la multitud que se
dispersara y, poco después, disparó botes de
gas lacrimógeno y lanzó granadas
paralizantes de forma indiscriminada;
decenas de manifestantes y varios
periodistas resultaron heridos. A
continuación, un grupo de hombres armados
con porras de madera salió de detrás de la
línea policial y cargó contra la multitud,
rodeando y golpeando a manifestantes y
periodistas. Mientras, la policía bloqueó la
calle para impedir que la gente huyera y
empezó a detener a todos los manifestantes.
Según informes, al menos 14 periodistas
fueron objeto de ataques deliberados con
granadas paralizantes y golpes para que no
pudieran informar en directo, y al menos 60
personas resultaron heridas y fueron
hospitalizadas, algunas con quemaduras
graves por la explosión de granadas. Durante
las semanas siguientes, cinco agentes de
policía fueron suspendidos de sus funciones
por hacer uso excesivo de la fuerza, el jefe de
la policía de Ereván fue destituido y 13
agentes, algunos de alta graduación, fueron
amonestados formalmente por “no impedir
ataques violentos contra manifestantes y
periodistas”. Al concluir el año continuaban
las investigaciones sobre ambos incidentes.
DETENCIÓN Y RECLUSIÓN ARBITRARIAS
Tras lo ocurrido el 17 de julio, la policía citó a
activistas políticos para interrogarlos. Según
Informe 2016/17 Amnistía Internacional
