2La Etnobotanica, tres puntos.pdf


Vista previa del archivo PDF 2la-etnobotanica-tres-puntos.pdf


Página 1...8 9 10111216

Vista previa de texto


LA ETNOBOTÁNICA
Alfredo barrera*
Departamento de Biología
Facultad de Ciencias
UNAM

Se debe a Harshberger (1896) la expresión, repetida por Jones (1941) y otros autores, de que la
Etnobotánica no consiste en el mero enlistado de especies vegetales útiles, sino en “el estudio de las
interrelaciones del hombre primitivo con las plantas” (Martínez Alfaro, 1976a).
La mayor parte de los estudios etnobotánicos se han llevado y se llevan a cabo en comunidades
calificadas como primitivas por su notable dependencia del ecosistema en que se encuentran enclavadas; pero,
tal hecho no caracteriza necesariamente a la Etnobotánica y por lo tanto, no puede servir para definirla (Rosas,
1975).
En realidad, la definición anterior refleja una actitud consciente o inconscientemente clasista, culturista,
etnocentrista, egoísta y folklorista. En una sociedad dividida en clases, tal actitud es explicable en los científicos
que dejamos de estudiar objetos, hechos y fenómenos naturales para interesarnos en hechos y fenómenos
culturales propios de grupos humanos que difieren de aquel al que pertenecemos (o con el cual nos
identificamos) en su apariencia física y en sus modos de ser, de hacer y de pensar. Frecuentemente nos
colocamos, identificados con la ideología de la clase dominante, como intelectuales que podemos tratar los
objetos de nuestro estudio con la superioridad que nos confiere el pretender poder hacerlo con objetividad
científica y no con la lógica empirista (también objeto de estudio) de nuestros informantes, pertenecientes a
distintas culturas y subculturas no siempre bien comprendidas e incluso menospreciadas.
En nuestro país la separación de clases se encuentra asociada a la discriminación racial: el término indio
es para el burguesito mexicano sinónimo de pobre, de ignorante y de inculto.
A los pequeñoburgueses citadinos, más o menos mestizos, cultivados o no en nuestras escuelas de
enseñanza superior, nos parece natural que un estudio etnobotánico sea realizado en una comunidad maya o en
una huichol, pero nos cuesta trabajo aceptar que también podría llevarse a cabo entre los dueños de las
mansiones de una pretenciosa zona residencial urbana. Y más trabajo nos cuesta admitir que los miembros de
esa élite pudieran demostrar mayor ignorancia y menor riqueza cultural que los de las comunidades indígenas.
En nuestro país son todavía 1os grupos con tradición indígena los que demuestran tener una mayor
riqueza de conocimientos sobre su entorno vegetal. Los grupos indígenas que han podido conservar parte
importante de su acervo cultural tradicional, son estudiados por "nosotros" y no pueden ellos estudiarse a si
mismos, porque el "progreso" de los miembros de esas comunidades, o sea su incorporación a lo que suponemos
que somos "nosotros", lleva implícito el rompimiento con ellas y con sus patrones culturales. Esto último puede
decirse también de lo que ocurre en el paso de una clase social a otra y aún dentro de cada clase, de un status a
otro.
E1 problema es pues, uno de discontinuidad cultural: en el caso de los países que, como el nuestro,
después de alcanzar un alto grado de civilización, han sufrido la conquista europea del siglo XVI, al violento
quebranto que esta significara para las minorías culturales, ha seguido un diario y prolongado enfrentamiento de
éstas con la "verdadera civilización" la que al absorber a sus miembros y al convertirlos en sus propios
enemigos, refuerza el sistema que se opone a su desarrollo.
Tal situación, difícil de superar en las condiciones que prevalecen en los países que en su proceso de
desarrollo se encuentran en la fase de un capitalismo dependiente, tiende a deformar la realidad del proceso
histórico, a aumentar la incomprensión social y a disminuir la objetividad en la interpretación de los fenómenos
socio-económicos.

*

"Trabajo presentado en el Simposio de Etnobotánica organizado por el Departamento de Etnobiología y Antropología Social (INAH-SEP) y el
Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias (UNAM) en la Ciudad de México, D.F., del 25 al 27 de noviembre de 1976.

10