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invierno pueden herir a las criaturas revestidas de un cuerpo, a causa de lo cual un invierno
rudo y pernicioso sobreviene.
Los males del invierno pueden herir a las criaturas revestidas de un cuerpo.
A causa de lo cual la nieve podría caer en gran abundancia, sobre las cimas de las
montañas, sobre las pendientes de las alturas.
¡Oh Yima! Aparta los ganados de tres sitios.
Cuando se encuentran en lugares en que el peligro es grande.
Cuando están en la cima de las montañas.
Cuando están en lo más profundo de los valles.
Condúcelos a las mansiones más seguras.
Antes de este invierno, el país ha dado cosechas.
Arriba corren las aguas, abajo es la fusión de la nieve.
Nubes, ¡oh Yima!, podrían cubrir un lugar habitado por seres dotados de cuerpo, donde no
se ve sino los pies tanto del ganado mayor como del menor.
Traza pues un recinto que no tenga, por cada uno de sus cuatro costados, sino la longitud
de la carrera de un caballo.
Lleva hasta él los gérmenes de los ganados, de los animales, de los hombres, de los
perros, de los pájaros y del fuego rojo y ardiente.
Traza un recinto semejante para que sirva de mansión a los hombres.
Traza un recinto semejante para que sirva de mansión a las vacas que dan leche, reúne
en él las aguas en una extensión de un hathra, haz habitar allí a los pájaros, en el lugar que
tiene siempre color de oro.
Fija allí tu morada.
Coloca en ella columnas, patios, pisos.
Lleva allí los gérmenes de todos los hombres y de todas las mujeres,
Los que son en esta Tierra los más grandes, los mejores y los más hermosos.
Lleva allí también los gérmenes de toda especie, de aquellos que en esta Tierra son los
más grandes, los mejores y los más hermosos.
Lleva allí los gérmenes de toda clase de árboles, de aquellos que son en esta Tierra los
más altos y los más sabrosos.
Lleva allí los gérmenes de todos los alimentos,
De aquellos que en esta Tierra son los más dulces y los más sabrosos.
Colocados por parejas y que sean inagotables, hasta que los hombres estén reunidos en
este recinto.
Que no haya allí ni discordia, ni impugnación.
Ni antipatía, ni enemistad.
Ni miseria, ni falsedad.
Ni pobreza, ni enfermedad.
Ni dientes que vayan más allá de lo justo.
Ni deformidad corporal.
Ni ninguna otra de las señales que son las señales de Agra-Mainyús, y con las cuales ha
herido a los hombres.
Construye nueve puentes en las localidades (aldeas) considerables.
Seis en las medianas, tres en las pequeñas.
Sobre los puentes superiores trae los gérmenes de mil hombres y mujeres.
Sobre los de en medio, los gérmenes de seiscientos; sobre los de abajo, los gérmenes de
trescientos.
Conduce allí con la lanza de oro a los que están en el recinto.
Levanta una alta torre y haz en ella una ventana que la ilumine siempre por sí misma.»
Yima dijo entonces: «¿Cómo puedo trazar un círculo, conforme a las instrucciones que
me das, Ahura Mazda?»
Ahura Mazda dijo entonces a Yima: «Yima, el hermoso, hijo de Vivaghao,