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tendidos (hacia Ti) suplico la primera bendición a (Tu) bondadoso espíritu; (es decir, te suplico
me concedas realizar todas mis obras de acuerdo con la (Divina) Justicia; y al mismo tiempo
imploro la compasión de tu Espíritu Benevolente, con objeto de que me sea posible conciliar el
alma de Kine (es decir, la prosperidad de nuestro ganado) con el bienestar del pueblo que con
tanta amargura clama solicitando tu ayuda.
Y, por tanto, ¡oh Gran Señor y Creador de la Vida! (inspirado, lo siento), por Tu Benévola
Inteligencia recurro a Ti (y Te imploro) para que me concedas (como benéfico y generoso don),
tanto para el mundo material como para el espiritual, esos logros que proceden de la Justicia
(Divina), por medio de los cuales (una vez esa Justicia manifestada dentro de nosotros), llevas
a los que recibiéndolos lo consiguen, a la beatitud y a la gloria.
¡Oh Justicia (Divina, que constituyes) enteramente la Benévola Mente (de la Divinidad)! Te
adoraré (en todas tus manifestaciones), así como a Ahura Mazda, el primer Ser, a favor de
cuya Mente piadosa y despierta (cuyos destellos alborean en nuestro interior) avanza ya el
Reino imperecedero. (Mientras elevo a Ti mis súplicas) responde a mi llamada y ayúdame.
(Sí, me acercaré a Ti a fuerza de súplicas, yo), que dirijo mi mente, mi voluntad y (mi)
alma a esa Altura (elevada mansión celestial adonde irán al final todos los redimidos) sabiendo
(muy bien) las características y santas recompensas de las obras (tanto rituales, es decir,
ceremoniales, como de las morales prescritas) por Ahura Mazda. Y mientras pueda y sea
capaz de ello enseñaré (a Tu pueblo las santas obras que tiene que realizar con la fe puesta en
Dios) y con el deseo (de que llegue) la Divina Justicia (a iluminar el interior de sus almas).
En cuanto a Ti, ¡oh Justicia!, ¿cuándo me será posible verte y conocer gracias a Ti el
Bueno y Poderoso Espíritu de Dios y (sobre todo y gracias a Ti también la) Obediencia
(personificada y manifestada a lo largo de nuestras vidas, que es lo que constituye) el camino
más adecuado y mejor hacia el Ahura Mazda más benéfico? (Te hago estas súplicas) porque
gracias a la fuerza de la palabra santa, que es la oración, tenemos (y podremos) mantener
alejados mediante nuestras lenguas a los demonios, que devoran la carne (demonios que son
la señal y manifestación misma de toda impureza espiritual).
Y Tú, ¡oh Señor y Gran Creador!, ven en mi ayuda con tu Santa (y Poderosa) Inteligencia,
y puesto que distribuyes tus dones a favor de Tu Justicia, concédeme una larga vida. Y (con
objeto de que vivamos bien ésta préstanos) por medio de tu poderosa palabra la ayuda
espiritual eficaz (y necesaria), tanto a nosotros (como al que por nosotros te invoca),
Zarathustra, para que así podamos vencer y oponernos a los tormentos del Castigador.
(Y) tú, ¡oh (Divina) Justicia!, impárteme la sagrada bendición, que es lo que constituye en
realidad los logros de la Buena Mente (Inteligencia Superior dentro de mi alma). Y tú también,
¡oh Piedad!, concédenos a Vistaspa y a mí este nuestro deseo. En cuanto a Ti, concédenos
asimismo, ¡oh Mazda! (gobernador como eres de todo y de todos, la gracia), mediante la cual
podamos oír (y entender) Tus palabras llenas de benignidad.
(Por eso Te) pido a Ti, Ahura, el mejor (de los seres), cuya voluntad está identificada con
la de (Tu Divina) Justicia (dentro de nosotros) y el mejor (de los espíritus), ese (don) superior (a
todo otro) para el (heroico) Frashaostra y para mí, y te ruego (también) nos concedas (no ya
por un tiempo limitado), sino para todas las edades (durante las cuales imperará) Tu Santa,
Buena y Poderosa Mente, el reino de Tu benevolencia, que será para nosotros como el primer
Cielo.
Y (movidos e impresionados) por estos dones de gracia reconfortante (que, sin duda,
puedes dispensarnos como respuesta a estas plegarias), te rogamos que no permitas que Te
enojemos nunca a Ti, ¡oh Ahura Mazda!, ni a Tu Justicia (que mora en nuestro interior cuando
Tú lo permites) ni a Tu Mente Bondadosa (para con nosotros), ya que nos hemos propuesto de
verdad (promover Tu causa) mediante el ofrecimiento (cantado) de los que Te alaban, pues es
más fácil invocarte de este modo. Realmente (si albergas) el deseo de (impartirnos) las
bendiciones (espirituales) y de que poseamos (su divina fuerza, no dejes de hacerlo).
Por tanto, Te suplico, ¡oh Señor y Gran Creador!, que satisfagas y colmes (mi) deseo
mediante los logros (de la gracia de Tu Buena Mente), que sabes proceden de la Justicia (y)