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Reino, deja paso al gatha siguiente.
Por él, el capítulo XLIX, nos enteramos de que el gran enemigo de Zarathustra es
Sandva, «que ha luchado siempre contra él», y que «por desgracia siempre ha sido suya la
ventaja en la lucha» a causa de ser «el más fuerte». Mas como la esperanza es lo último que
muere, le oímos exclamar: «¡Pero todavía no se ha perdido todo!», y dirigirse una vez más a
Ahura, pidiéndole ayuda; es decir, que no abandonase «a Frashaostra a quien ha dado la
categoría de guardián patrocinador». Y que tampoco le olvide a él, como aún reclama
insistentemente en el siguiente capítulo.
En el gatha XLIX, 12—L, en el que clama: «¿Qué ayuda de gracia tienes, ¡oh Ahura!, para
Zarathustra que te invoca? ¿Va a recibir mi alma una gracia auxiliadora?» ¿Cómo podré, se
pregunta, y pregunta al poderoso Creador, «salvar realmente nuestra riqueza? ¿De qué medios
me valdré para proteger a Kine productora de beneficios»? Y sigue implorando a Mazda que le
conceda «tierras que pueda poseer con justicia y libremente». Si se lo concede, en «acción de
gracias» él le ofrecerá «un sacrificio». Además, tanto él como sus amigos dispuestos están a
entonar «alabanzas» en su honor, y a «anunciar sus palabras». Por su parte, «comprometerá a
otros en favor de la santa causa», y «se acercará cada vez más» a Ahura, manifestándole su
«profunda adoración» mediante pies métricos bien medidos; y a la Justicia divina mediante
«acciones santas». Sí, que el Todopoderoso le ayude, lo mismo que a sus «compañeros y
servidores», para que puedan «fomentar la santa causa» que tanto les interesa y conviene.
En fin, el gatha LI está destinado a dar consejos-instrucciones a una asamblea de fieles.
«Lo primero que hay que escoger—le oímos decir—, es un buen Gobierno», siempre, como es
natural, bajo la dirección de Ahura Mazda, cuya «Regla Soberana» es indispensable para
conseguir «bienes y riqueza». Para obtener el buen Gobierno hace falta un jefe «frugal,
honrado y despierto». Y seguro de que Ahura deparará este esperado jefe, vuelve a pedirle
para él «inmortalidad y bienestar», a cambio de lo cual seguirá hablando por él y en su nombre.
Reconfortado, de nuevo se dirige a los que le escuchan para asegurarles una vez más que los
que sean dignos servidores del gran Dios, recibirán de éste los dones que siempre les ha
ofrecido: inteligencia (Buena Mente, Orden Recto), es decir, sabiduría, como ha alcanzado el
Kavi Vistaspa, y luego la salvación que Ahura concede siempre a los que, en efecto, viven
dentro del Recto Orden, celebrándole y ensalzándole mediante alabanzas.