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Zarathustra de nuevo, al que replica Ahura, tocandóles la vez, cuando el dios se calla, a los
Ameshaspendas o Amesha-Spentas (los «Santos Inmortales»), a los cuales contesta también
Ahura; tras lo cual vuelve a lamentarse Kine, acabando el capítulo, Zarathustra, para rogar a su
Dios y a la Santa Justicia, así como a la Buena Mente (atributos también, personificados, de
Ahura Mazda), que no le abandonen en la gran tarea de proclamar la gloria y soberanía
absoluta de Ahura sobre todos los seres, tarea que piensa emprender. Pero conviene que, para
mayor claridad, digamos unas palabras sobre los mencionados Ameshaspendas.
Como a los humanos les era imposible aprehender la supuesta realidad de Ahura Mazda,
pues, puro Espíritu como oímos afirmar al propio Zarathustra varias veces, imposible que fuese
captado por los sentidos, (ya sabemos que Aristóteles decía: «que nada hay en la inteligencia
que antes no haya estado o pasado por los sentidos»), para que sus adoradores no
reverenciasen una pura ilusión, fueron imaginados los Amesha-Spentas, sus atributos o
aspectos que, personificados, podían tener más fácilmente cabida en la inteligencia humana.
Creados, fueron divididos en dos series de a tres. De ellos, los del «lado del Padre», eran
masculinos; los del «lado de la Madre», femeninos; el primer grupo estaba (y está, claro, para
los que siguen creyendo en tan pintorescas fantasías), por la mencionada Asha, por VohuMano («el Buen Espíritu» o «Amor», tal como éste se manifiesta entre el hombre y la mujer, la
fraternidad nacional e internacional y el respeto por la vida de los animales «nuestros
hermanos inferiores»), y Kshathra (Espíritu amante o creador); la segunda serie estaba
integrada por Aramaiti (la Piedad), Haurvahat (la Integridad o Perfección) y por Ameretat (la
Constancia en el bien obrar). Estas seis entidades formaban la Heptada en unión de Ahura
Mazda, que eran los siete aspectos de la Divinidad dignos de la adoración de los hombres.
Otras dos divinidades son aún nombradas en los Gathas: Atar (el fuego) y Sraosha, divinidad
difícil de definir exactamente, pero como su nombre significa «obediencia», podemos suponer
que personificada la obediencia que el hombre debía a Ahura Mazda; obediencia legítima si se
admite que le había creado y que mañana le podía premiar o castigar. Naturalmente, a la
muerte de Zarathustra todo cambió al cambiar su dualismo simple y lógico; los AmeshaSpentas fueron considerados como divinidades separadas, y nuevos dioses fueron
introducidos, en particular Mithra, dios del Sol invencible. Pues los hombres, cuantos más
dioses tienen, más contentos están; y si las divinidades son particulares de su provincia o de su
pueblo, miel sobre hojuelas; lo que explica en ciertas religiones monoteístas la pluralidad de
cristos y vírgenes, por uno que sean en el fondo; y no digamos nada de la multitud de santos
protectores, todo lo cual hay que consentir no sólo por ser inocente en realidad, sino para no
apagar la piedad.
En cuanto al mazdeísmo, éste acabó por llegar a ser la religión del Estado en Persia: Ciro
(549-529 antes áe nuestra Era) y Darío I (521-485) eran tal vez zoroastrianos y, de todas
maneras, los últimos soberanos de la dinastía achaménide lo fueron. Después, determinados
acontecimientos históricos (como la conquista de Persia por Alejandro que ocasionó, entre
otros males, el incendio de los archivos imperiales), hizo que el zoroastrismo perdiese su
supremacía política al no recibir apoyo oficial. Mas al llegar la dinastía sasánida, fundada por
Ardashir el año 226 después de nuestra Era, el mazdeísmo fue restaurado en Persia como
religión nacional, los Gathas fueron traducidos al pehlvi, y una masa enorme de comentarios
fue añadida. Cuando la introducción del cristianismo, luchas amargas y con frecuencia
sangrientas aparecieron. Pues el zoroastrismo oficial, es decir, sus representantes, seguros,
como siempre ocurre, de que cuanto mayor es el número de comensales en torno a una mesa,
menos les corresponde a cada uno de los que se sientan a ella, se esforzaron en eliminar, por
la fuerza todos los movimientos reformadores o cismáticos (ya sabemos que es llamado
cismático o cismática toda doctrina o variación de culto distinto de lo oficial); muy
particularmente el maniqueísmo. Mas como el que a hierro mata a hierro muere, cuando los
árabes musulmanes invadieron Persia en el año 639, empezaron a acogotar a los antiguos