Los poseedores del fuego han muerto.pdf


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La Imagen llega para remediar, como nunca antes, la sensación de que el pasado no queda en
ningún lado; y si bien es cierto que parte de él puede recuperarlo la memoria, ésta lo hace de
manera condicionada, ya que para volverlo al instante presente es preciso narrarlo, contarlo
con palabras, con texto. La Imagen llega, para bien o para mal, impregnada de un perfil
absolutista, buscando ostentar la totalidad del poder, rasgo de un antiguo Dios unitario.
El videógrafo social ha muerto.
El fotógrafo social ha muerto…
… o mejor: han muerto tal y como los veníamos concibiendo a lo largo de las últimas décadas,
ya no son los “poseedores del fuego”. Han perdido centralidad. Ha muerto una forma de
pensar la fotografía y el video, una forma exclusiva de ordenar la realidad de La Imagen. Con
limitaciones o sin ellas, los miembros de la sociedad que hace posible la existencia de
fotógrafos y videógrafos comienzan a tomar distancia de los corsés y condicionamientos
históricos para emprender su propio lenguaje de La Imagen. Anhelan comunicar, pero dando
también espacio progresivo a un susurro o un grito que exprese autonomía, independencia.
La Imagen quiere multiplicar su alcance, invadir los medios de comunicación, decir la verdad y
la mentira, ensayar lo irrelevante como forma imposible de lo primordial, entretener,
persuadir, pisotear las intimidades, sumirse en el amarillismo y regresar, contrainformar,
conspirar, denunciar, delatar… Al fin y al cabo una diosa puede travestirse, transformarse o
reinventarse, e incluso matar, pero nunca, nunca, morir.
Ariel García
Realizador Audiovisual
Rosario, Argentina, 13 de junio de 2017