Los poseedores del fuego han muerto.pdf


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poetas franceses que expresa los contrastes de la Modernidad. Las líneas de uno de sus
poemas, Bendición, inspiran a Paul Verlaine a conformar una nómina de poetas malditos.
Poeta maldito es aquel artista que expone un arte provocativo, “el arte por el arte mismo”,
desinteresado. Todo aquel artista incomprendido, bohemio, cuya genialidad es también una
suerte de maldición que lo aleja de sus contemporáneos, que lo autodestruye, que lo sume en
una existencia trágica es un poeta maldito.
Este prólogo, que reconozco breve e incompleto, podrá refrescar la memoria del lector y
acercar las primeras nociones para proseguir con el análisis.
Desarrollo y conclusión
Muerta la metáfora de Dios es preciso concebir nuevas metáforas.
Con el propósito de expresar mi pensamiento de un modo más nítido voy a permitirme, en los
próximos párrafos, un juego de representaciones, una redacción de sentido figurado. Cuando
hable de Dios no me referiré a aquel Dios bíblico que castigaba y premiaba, ese no existe ya, lo
hemos matado, ¿recuerdan?, apuntaré a una “metáfora de Dios”, a la idealización de sus
cualidades, trasladando algunos de estos atributos a La Imagen. A medida que avance mi
ensayo “La Imagen se afianzará como portadora de un fragmento de Dios”; es decir, como
continente de determinadas idealizaciones que, por otra parte, el ser humano crea para
salvarse en un mundo que continuamente cambia, deteriora, deviene”. Entre las cualidades
idealizadas de Dios destacan la verdad, el amor, la felicidad, lo místico, eso que también
explica lo inaceptable o lo invisible, pero también aquello que interpreta un sentir imposible
de narrar. En fin, a todo lo que caracteriza a Dios tanto como a La Imagen.
Si bien es cierto que existió un Romanticismo reaccionario que promovía los valores religiosos
de la Edad Media, el movimiento romántico nunca tuvo la intención de reemplazar a Dios. El
Romanticismo, identificado con la naturaleza, la libertad creativa, la revalorización del yo
individual, sostiene que, frente a la razón, el arte permite otro camino. Heidegger, quien
reconoce en el arte al sucedáneo de la religión, afirmaba que la manifestación artística
favorece una relación con el sentido que no es viable por medio del lenguaje racional. El
Romanticismo, evasivo e idealista, no sustituye a Dios, compone un movimiento cultural
reaccionario que refleja y revela fragmentos de Él. El Romanticismo recoge astillas de la
“metáfora de Dios” y las clava en lo más profundo de las artes que lo encarnan. En las ideas y
las emociones de los artistas, en cada expresión que busca mostrarse como lo ajeno a lo
rigurosamente racional pervive una partícula de Dios. El concepto de un Dios fragmentado,
“repartido”, reafirma la noción de que “lo absoluto” es inasible fuera del los sistemas de
creencias dogmáticos, estrictamente religiosos.
Nuestro recorrido llega a la invención de la técnica fotográfica, a su desarrollo y a aquellos
artistas, pintores especialmente, que vieron en ella un producto que desplazaría al retrato
pintado. Asistimos al período donde la fotografía ha puesto sus pies en el terreno del Dios
fragmentado, el arte.
Si, como he sostenido también en las últimas líneas de párrafo precedente, en las artes pervive
un “Dios fragmentado”, el fotógrafo social, ese ser sensible que emociona, comunica, que