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© Pablo Tosco/Oxfam
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Conclusión:
Acabar con la desigualdad
Décadas de acumulación y despojo y políticas públicas diseñadas a la medida de las
élites poderosas han exacerbado el problema de la desigualdad extrema en la región
Centroamericana. Existen muchas brechas de desigualdad: la brecha entre ricos y pobres, la
brecha entre el mundo rural y el urbano, o la brecha entre mujeres y hombres son algunas
de las más preocupantes.
La desigualdad que afecta a las mujeres rurales centroamericanas se enmarca dentro de un
problema global de desigualdad más amplio y que se vive de forma acuciante en América
Latina, la región más desigual del mundo, donde la riqueza extrema convive con la extrema
pobreza. Esta crisis de desigualdad es resultado del secuestro de los sistemas democráticos
por las élites económicas, que logran imponer reglas del juego favorables a sus intereses a
costa de la amplia mayoría de la población y en especial de las mujeres.
En las áreas rurales de Centroamérica el reparto de la tierra y la riqueza es cada vez más
injusto y desigual. Las familias campesinas e indígenas, que constituyen la inmensa mayoría
de la población rural y sostienen la producción de alimentos básicos, siguen siendo expulsadas de las mejores áreas de cultivo mientras que la caña de azúcar, la palma africana y las
plantaciones forestales acaparan la tierra y el agua. Si acceder a la tierra resulta cada vez
más difícil para todas las personas cuyo medio de vida es la agricultura y que necesitan un
espacio donde producir, son las mujeres quienes enfrentan más obstáculos para ejercer su
derecho a la tierra.
Tierra para nosotras
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