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Este problema se ha agravado en los últimos 50 años pues el tamaño promedio del minifundio
se ha reducido desde 2.2 a 1.4 hectáreas entre 1952 y 2001, una extensión insuficiente para la
subsistencia de la familia y para mantener una vida digna.71 Según datos del FIDA, el 70% de las
familias agricultoras se dedican a la agricultura de subsistencia y dependen del empleo no agrícola informal y precario, y de las remesas que les envían familiares que han emigrado al exterior.
En Honduras también se dieron los primeros procesos de Reforma Agraria en la década de 1960
con la creación del Instituto Nacional Agrario (INA) y la promulgación de la Ley de Reforma Agraria
en 1962, la cual ordenó la redistribución de las tierras que no cumpliesen con la función social de la
propiedad y establecía límites al tamaño de las propiedades privadas. En las tres décadas de vigencia
de los mecanismos de reforma se adjudicaron más de 400,000 hectáreas, correspondientes al 12%
de la tierra agrícola y beneficiando a un total de 60,000 familias campesinas, el 13% de las familias rurales. Sin embargo las mujeres fueron sistemáticamente marginadas en la adjudicación de tierras, pues
del total de personas beneficiadas apenas un 4% correspondía a mujeres (Deere y León 2001).
En años recientes la situación ha mejorado, aunque siempre las mujeres están en clara
inferioridad de oportunidades. Entre 2010 y 2012 se beneficiaron con el 20% de la tierra
adjudicada frente a un 80% que recibieron los hombres. Pero sus parcelas son de la mitad
de tamaño: el promedio para las mujeres fue de 1.10 hectáreas respecto a 2.44 hectáreas
en promedio que recibieron los hombres (Irías 2013).
En Honduras viven aproximadamente dos millones de mujeres rurales, de las cuales 1.3 millones
se encuentran bajo el umbral de la pobreza. Según las estadísticas oficiales el 26% de las mujeres
rurales están ocupadas en la agricultura –principalmente en la producción de granos básicos, café y
hortalizas- respecto a un 51% en ventas y servicios.72 Pero una gran mayoría de las mujeres que trabajan en la agricultura no reciben ningún salario pues lo hacen dentro de la explotación familiar. Según la FAO, en Honduras el 49% de las mujeres rurales carecen de ingresos en efectivo.
Por otro lado, los datos apuntan hacia un proceso de feminización de la pobreza rural, pues el
porcentaje de hogares con jefatura femenina dentro de los hogares rurales que se encuentran
bajo el umbral de la pobreza aumentó desde un 25% en 2001 a un 32% en 2010 (Irías 2013).
En cuanto a la tenencia de la tierra, los datos más recientes muestran que el 86% de las mujeres
rurales carecen de títulos de propiedad de la tierra frente al 65% de los hombres.Y apenas
el 8% de las mujeres son propietarias individuales de una parcela (ver gráfico 4).73
Gráfico 4. Formas de tenencia de la tierra por sexo en Honduras
100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Individualmente
Conjuntamente
Sin tierra
Mujeres
Hombres
8,2
5,4
86
30,3
4,1
65
Fuente: ENDESA (2011-2012)
71 Censo agropecuario de 1952 y Encuesta Agrícola 2001.
72 Datos de la Encuesta de Demografía y Salud (ENDESA) 2011-2012 citados en Irias (2013)
73 Ibid.
Tierra para nosotras
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