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Gráfico 1. Distribución de la propiedad de la tierra por sexo
Honduras
El Salvador

Mujeres
Hombres

Guatemala

Guatemala

El Salvador

Honduras

15
85

13
87

12
88

0% 20% 40% 60% 80% 100%

Fuente: Encovi 2012 (Honduras), DIGESTYC 2013 (El Salvador), ENA 2008 (Guatemala)
Nota: En Honduras se refiere al porcentaje de tierra propiedad de mujeres, en Guatemala al porcentaje de tierra
manejada por mujeres (incluye propiedad, alquiler y otras formas de acceso) y en El Salvador al porcentaje de títulos.

2.3

Barreras de acceso a la tierra para las mujeres
centroamericanas
La brecha de género en el acceso y propiedad de la tierra responde a múltiples causas que están
relacionadas entre sí y tienen que ver fundamentalmente con factores estructurales de carácter
legal, político, cultural e institucional. Al igual que los hombres, las mujeres pueden adquirir tierras
principalmente a través de tres vías: (1) la herencia; (2) el mercado y (3) el Estado. En cada una de
estas formas de acceso actúan reglas escritas y no escritas, formales e informales que suponen
obstáculos para que en la práctica las mujeres puedan ejercer la propiedad y control sobre la tierra.
En todos los ámbitos de la vida de las mujeres, desde el hogar hasta la comunidad y la sociedad
en general existen estructuras y normas, no siempre explícitas, que hacen que los derechos de los
hombres se impongan sobre los de las mujeres. Por otro lado, la legislación y las políticas que tienen
que ver con la tierra a menudo discriminan a las mujeres o no definen claramente sus derechos.Y
aunque en años recientes se han introducido normas específicas más igualitarias -como la titulación conjunta- y mecanismos de inclusión para ampliar el acceso de las mujeres a la tierra -como
la prioridad dada a mujeres viudas o mujeres solas con hijos- su cumplimiento ha resultado problemático debido a actitudes, valores y prácticas culturales machistas profundamente arraigados.
A continuación se analizan algunas de las barreras comunes en los países estudiados.

Barreras culturales e institucionales
El modelo patriarcal dominante ha configurado los conceptos de masculinidad y feminidad que
determinan cuál es el papel de las mujeres y de los hombres en las esferas pública y privada.
Pese a que la legislación agraria en los distintos países ha incorporado la igualdad de género a
las políticas agrarias, se sigue sin reconocer la identidad de las mujeres como productoras agrícolas pues todas las tareas que llevan a cabo en la unidad familiar son asimiladas
como una extensión del trabajo doméstico (FAO 1998). Como resultado, se concibe el sujeto
agrícola predominantemente como varón.
Este concepto se ha fusionado con el de jefe de hogar, que invariablemente se asocia al hombre excepto en el caso de mujeres viudas o madres solteras. La aplicación de ambos conceptos
en la práctica ha excluido sistemáticamente a las mujeres de las políticas de distribución de tierras y de los programas de desarrollo productivo o de apoyo a la agricultura familiar, los cuales
han definido como sujeto priorizado al productor principal y jefe de hogar, es decir, al hombre.
Por otro lado, en el ámbito organizativo los prejuicios patriarcales y machistas permean las cooperativas y otras formas de organización campesina, donde los
esfuerzos para incorporar políticas de género son incipientes y demasiado lentos. La pertenencia a estas organizaciones tradicionalmente se ha restringido a una sola persona por
hogar -el cabeza de familia- excluyendo a las mujeres como socias, más aún de las juntas
directivas, y relegándolas a organizaciones de membresía exclusivamente femenina.

Tierra para nosotras

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