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Está demostrado que el acceso a la tierra es clave para el empoderamiento económico de las mujeres rurales, quienes tienen muy escasas posibilidades de obtener ingresos
propios. La posesión de un activo productivo como la tierra se traduce en un cambio
significativo no sólo por su valor de uso sino también por la capacidad de generar rentas,
intereses y ganancias (Deere 2011). Por otro lado, la posibilidad de que las mujeres participen en las decisiones en cuanto al gasto familiar repercute favorablemente en el hogar,
pues se ha comprobado que las mujeres priorizan la inversión en la salud, la alimentación,
la educación y el bienestar de sus hijos e hijas (FAO 2010).
Pero más allá del aspecto económico, las mujeres rurales adquieren mayor confianza y seguridad cuando son propietarias de la tierra pues ven fortalecido su reconocimiento social y
su nivel de participación comunitaria.Y gracias a una mayor participación política, las mujeres
rurales con acceso a tierra disminuyen la dominancia masculina en la toma de decisiones a
nivel comunitaria, desarrollan las habilidades organizativas, las redes sociales y el capital social
de las mujeres, y hacen que las instituciones respondan mejor a sus necesidades.

1.2

Mujeres, tierra y soberanía alimentaria
Para mí tener una manzana de tierra sería como ser rica. Si en mi casa con tres metros que
tengo yo tengo un corral con gallinas, tengo una mata de pilpil, tengo palos de limón, de
aguacate, el maíz. ¡Qué no haría yo en una manzana!
Mujer campesina salvadoreña
La brecha de género en el acceso a la tierra no sólo perjudica la autonomía económica de las
mujeres y su capacidad de satisfacer las necesidades del hogar. El cierre de esta brecha puede
mejorar la productividad agrícola y reportar importantes beneficios adicionales a través del incremento de los ingresos de las mujeres agricultoras, el aumento de la disponibilidad de alimentos a un precio inferior, así como el crecimiento del empleo y los salarios reales de las mujeres.
Se ha observado que las explotaciones agrícolas manejadas por mujeres obtienen rendimientos por hectárea inferiores que las manejadas por hombres, pero simplemente porque
ellas tienen menor acceso a insumos productivos, servicios de extensión, infraestructura y
crédito. Se calcula que si las mujeres tuvieran el mismo acceso a recursos productivos que
los hombres podrían aumentar el rendimiento de sus explotaciones agrícolas
entre un 20% y un 30%. De este modo, la producción agrícola total en los países en
desarrollo podría aumentar entre un 2,5% y un 4%, lo que a su vez permitiría reducir el
número de personas hambrientas en el mundo entre un 12% y un 17% (FAO 2010).

1.3

Mujeres invisibles
Resulta difícil abordar un problema cuando no se conocen sus dimensiones, y en cuanto a
la brecha de género en el acceso y tenencia de la tierra hay grandes vacíos de información.
Los censos agropecuarios nacionales apenas contienen información específica sobre la situación de las mujeres. Los únicos datos desagregados por sexo se refieren a quién maneja
la explotación agropecuaria y no a quién ejerce la propiedad de la tierra.Y lamentablemente los datos de tenencia no se encuentran desagregados por sexo.
Por otro lado, la mayoría de las mujeres que trabajan en la agricultura lo hacen dentro de
una explotación familiar y la asignación de roles tradicional otorga a los hombres la responsabilidad principal y a las mujeres las considera como trabajadoras secundarias, cuya función
es complementar los ingresos del hogar, o las hace invisibles como trabajadoras familiares

Tierra para nosotras

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