Marqués de Sade Justine.pdf


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colchón. Ante pruebas de esta categoría, no había nada que replicar. Al instante
fui prendida, agarrotada y llevada a la cárcel, sin que me fuera posible hacer
escuchar una sola palabra en mi favor.
El proceso de una desdichada que carece de crédito y protección no lleva
mucho tiempo en un país donde se considera a la virtud incompatible con la
miseria, donde el infortunio es una prueba decisiva contra el acusado. En esa
cuestión, una injusta prevención lleva a creer que el que ha debido de cometer el
crimen, lo ha cometido; los sentimientos se miden por el estado en que se
encuentra el culpable; y a partir del momento que el oro o los títulos no
establecen su inocencia, la imposibilidad de que pueda ser inocente queda
entonces demostrada.*
* ¡Siglos venideros! Ya no veréis ese cúmulo de horrores y de infamias. (N. del
A.)
Por mucho que me defendiera, por mucho que ofreciera los mejores
argumentos al abogado de oficio que me dieron por un instante, mi amo me
acusaba, el dia mante había sido hallado en mi habitación: estaba claro que yo
lo había robado. Cuando quise mencionar el horrible proyecto del señor Du
Harpin, y demostrar que la desdicha que me sobrevenía sólo era el fruto de su
venganza y la consecuencia del deseo que tenía de deshacerse de una criatura
que, poseedora de su secreto, se convertía en su dueña, trataron mis protestas
de recriminación, me dijeron que el señor Du Harpin era reconocido desde hacía
más de veinte años como un hombre íntegro, incapaz de semejante horror. Fui
trasladada a la Conciergerie, donde me vi en la situación de tener que pagar con
mi vida el rechazo de participar en un crimen; iba a morir; sólo un nuevo delito
podía salvarme: la providencia quiso que el crimen sirviera, por lo menos una
vez, de égida a la virtud, que la preservara del abismo donde iba a arrojarla la
inepcia de los jueces.
Tenía a mi lado una mujer de unos cuarenta años, tan celebrada por su belleza
como por la variedad y cantidad de sus fechorías; la llamaban Dubois, y estaba,
al igual que la desdichada Thérése, en vísperas de su ejecución: sólo el método