Marqués de Sade Justine.pdf


Vista previa del archivo PDF marques-de-sade-justine.pdf


Página 1...20 21 222324289

Vista previa de texto


inevitablemente de semejantes inconsecuencias de la suerte, cuando un rayo de
esperanza pareció relucir un instante ante mis ojos.
La Desroches me dijo un día que finalmente había encontrado una casa en la
que me recibirían con placer, siempre que me portara bien.
––¡Gracias a Dios, señora! ––le dije, arrojándome entusiasmada a sus brazos–
–. Esta es la condición que yo misma pondría, ¡figuraos si la acepto con gusto!
El hombre al que debía servir era un famoso usurero de París, que se había
enriquecido no sólo prestando con fianza, sino también robando impunemente a
sus clientes siempre que no corriera ningún peligro en ello. Vivía en un segundo
piso de la Rue Quincampoix, con una mujer de cincuenta años, a la que llamaba
su esposa, y que era no menos malvada que él.
––Thérèse ––me dijo el avaro (ese era el nombre que yo había adoptado para
ocultar el mío)––, Thérèse, la primera virtud de mi casa, es la probidad. Si
alguna vez os lleváis de aquí la décima parte de un denario, os haré ahorcar, ya
veis, hija mía. El escaso bienestar del que disfrutamos mi mujer y yo, es el fruto
de nuestros inmensos trabajos y de nuestra perfecta sobriedad... ¡,Comes
mucho, pequeña?
––Unas cuantas onzas de pan al día, señor ––le contesté––, agua y un poco
de sopa, cuando soy tan afortunada de poder tomarla.
––¡Sopa, diantre, sopa! Oíd esto, amiga mía ––dijo el usurero a su mujer––,
asombraos ante los progresos del lujo: está buscando colocación, se muere de
hambre desde hace un año, y quiere comer sopa. Nosotros, que trabajamos
como galeotes, apenas la cocinamos una vez cada domingo. Hija mía, tendrás
tres onzas de pan al día, media botella de agua de río, un viejo traje de mi mujer
cada dieciocho meses, y tres escudos de sueldo al cabo del año, siempre que
estemos contentos de tus servicios, que tu economía responda a la nuestra, y
que finalmente hagas prosperar la casa con el orden y el arreglo. Tu trabajo es
poca cosa, se hace en un abrir y cerrar de ojos. Se trata de fregar y limpiar tres
veces por semana este apartamento de seis habitaciones, de hacer las camas,
de contestar a la puerta, de empolvar mi peluca, de peinar a mi mujer, de cuidar
del perro y de la cotorra, de fregar la cocina y la vajilla, de ayudar a mi mujer