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infinidades de idiomas, tanto antiguos como modernos, tengo la convicción que ese
planeta no debería llamarse luna sino luno. Según la historia, por lo que he podido
observar, este es un satélite del sexo masculino. Todo lo contrario significa el mar, quién
de acuerdo con las investigaciones, es de sexo femenino. Entonces, lo que ocurre es que
él me da miedo que se llegue a fijar en mi y pueda enamorarse, lo que no me sucede con
la mar.
En la historia de la prisión al menos en lo que respecta a Gustavo, no existe hasta el
momento, un sólo espacio para contemplar y amar a la luna. Y si es que existe, puede
ser en la prisión de mujeres. Pero hasta el momento no he podido notar que la luna
tenga cabida en el corazón de ningún hombre prisionero. Gustavo por ejemplo, es el
polo opuesto con respecto a Caligula, por que Gustavo vive enamorado es de la
oscuridad. Afirma que las noches oscuras y solitarias le traen el fino olor del perfume de
agua de rosas que exhala el cuerpo de Gloria. Las tinieblas, confrontándolas con
Gustavo, pierden todo su pudor y la pasión sin eco de sí mismo, lo desespera, lo
impacienta y lo acosa. El se ufana diciendo que la oscuridad viene a ser la vía que lo
conduce hasta las puertas de ese paraíso desconocido o extraviado que muchos
quisieran encontrar. Lo único que puedo hacer en esa oscuridad, es sentir al soñador
prisionero. No puedo compadecerlo porque sólo las mujeres son dignas de este
sentimiento, a los hombres, no se les debe compadecer. Además, porque sé también que
en estos momentos por lo menos tiene que estar en compañía de su Gloria, que no se
encuentra solo, con su pena y su dolor.
Algunas noches, este prisionero cubre la ventanilla de su celda con hojas de periódico
por la parte interior. Tal procedimiento, no es con el simple propósito de impedirle el
paso a los rayos de la luna. Lo que el soñador busca con esto, es evitar a cualquier
precio que se le pueda escapar de los brazos, su adorada oscuridad. Quiere impedir que
se le pueda escurrir por la ventanilla de la puerta, esa oscuridad que es lo que más adora
después de Gloria, marcándose hacia la libertad, dejándolo en la soledad de la prisión.
Hoy la luna, brilla más espléndida y ha salido justo con el crepúsculo. Lo que me trae
al recuerdo aquella noche cuando Gustavo le sobrevino la estúpida idea de abofetear y
pisotear la brillantez de este bello astro. En esta oportunidad nos encontrábamos en el
pasillo porque aún no había sonado la campana para la cerrada de las celdas. Esto se
había convertido en un hábito en él, traer a tema principal a su Gloria. Habla de ella
con tanta ansiedad, como si su voz la transportara hasta el pasillo a la celda donde se
encuentra, comienza a decir:
-- Puedo verla, tal como cuando montábamos a caballo en una finca que tienen sus
padres en las inmediaciones de Girardot. Ella corría montada en su corcel por los
potreros esquivando los arbustos hasta llegar al río. Allí, mi Gloria se bajó del potro, le
quitó la montura y se desnudó. Me encontraba preparando un bote plástico de esos que
se inflan con una bomba de aire, para lanzarlo al agua. Ella se acostó sobre una piedra
tan comparable a una cama de lo grande, mientras me esperaba sobre la roca con la
espalda hacia el sol. ¿ Nunca ha estado en un paraje así, Mecié Dubá?
--¡Cómo se le puede ocurrir! No soy chivo, quienes son los que hacen maromas sobre
las piedras, y hasta corren sobre los rieles del tren. No me considero malabarista ni
equilibrista. Le responde Mecié Dubá. Con respecto a las mujeres soy un animal, pero
de camas muy suaves con finas sábanas. No seria capaz de hacer el amor empotrado
sobre una piedra, jamás utilizo esos estilos salvajes, con las mujeres me gusta ser tierno
y amoroso.