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como algunos talleres de artesanías donde el mar crea sus verdaderas obras de arte. Se
encuentran seres humanos con cinco patas y tres cabezas, un sinnúmero de cosas que
pueden infundirle pánico al más incrédulo, quien no este familiarizado con este
ambiente hasta puede llegar a armarse de un puñal o una pistola para defenderse de
todos estos monstruos: se pueden apreciar elefantes con aleta como los peces voladores,
en lugar de tener rabo y moco, tienen colas como las sirenas, bocas con gran cantidad
de dientes como los tiburones, con la diferencia de que este cementerio zoológico y
carcomido por la brisa salobre, pueda inspirar lástima o terror a quienes vienen hasta
estos lugares a contemplarlos. Pienso que el isleño, llegó a sentir esa misma lástima por
su adventista perro. Llegué a contemplar en aquellos desechos hermosos rostros de
mujeres, con una oreja en la frente y la otra en la parte trasera de la nuca, en sentido
contrario a como los seres humanos las tenemos, e igualmente sus senos, de donde es
lógico sacar en conclusión que para el mar los monstruos femeninos, al igual que los
indios Boras del relato de Mecié Dubá, les resulte muy posible comunicarse entre ellos y
en su idioma, por el órgano de los oídos que llevan en la frente y en la parte posterior de
la cabeza.
Hasta hoy, puedo decir que esta noche vine a descubrir la verdad con relación a este
profundo comentario de desperdicios y pedazos de maderos ruidos por el tallador mar.
Esa realidad consiste en que la naturaleza no ha sido, no es, ni podrá ser de lo artístico.
Lo que sí se puede sostener con respecto a este caso, es que surge aquí un patético
fenómeno de culto rendido en honor a la silueta del cuerpo humano, eso sí, totalmente
de acuerdo con el desnudo. Lo que ha venido realizando el mar es, imitar a todos esos
pintores de gran fama mundial, por sus tendencias a plasmar el cuerpo tal como es.
También pudiéramos decir que son los pintores quienes han imitado al escultor mar, por
esa razón la fama le ha dado la vuelta al mundo, extendiéndose tal la inmensidad del
océano.
Mi gran interrogante es, ¿ qué le ha podido llevar a la luna a enamorarse ciegamente
del mar? ¡ A través de la historia se han escrito canciones, tantas páginas hermosas en
relación con el tierno romance sin que se haya llegado a realizar la boda!. Por ejemplo,
Caligula y Endimión. En esa loca pasión, existe algo que me intriga sobremanera,
porque no he logrado entenderla. Además, tengo que referirme en estos términos,
porque me parece una verdadera locura, un desenfreno los amoríos del mar. Considero
que es una doble locura enamorarse de la luna. Simón González, Intendente de San
Andrés, es un paisa loco enamorado de la mar, como él suele llamarlo, para Simón, el
mar es la mujer más hermosa que ocupado todos los lugares de su corazón, volviéndolo
un soñador. Pero vean las contrariedades de la vida, conocí a una mujer en Santa Marta
que jamás se enamoró de un hombre porque vivía locamente enamorada de la luna. Era
su amor platónico, sentía tanto amor por la luna, que todas las noches de luna clara las
pasaba en vela, en el camellón, en el Rodadero o en la bahía. Afirmaba que era una
necesidad, porque de esa manera vivía apasionadas noches de amor en los brazos de la
luna. Por la forma de razonar de Judit, que es el nombre de esta mujer, la luna no debe
ser hembra sino barón. Tampoco he logrado entender qué razones tiene Mecié Dubá
para esconderse de la luna en las escasas noches que se tiene la suerte, por decirlo así,
de verle la cara en las frías noches bogotanas.
Queriendo descubrir este enigma, tuve una vez que preguntarle, a lo que me
respondió:
-- Seré feo, pero no bruto. Vale más la seguridad que la policía, no sé con absoluta
seguridad, si lo que he leído pueda ser cierto. Por lo poco que podido leer en relación
con ese astro, pero según a la interpretación del artículo que define todas esas