LOS OPRIMIDOS.pdf


Vista previa del archivo PDF los-oprimidos.pdf


Página 1...6 7 8910271

Vista previa de texto


8

PARTE I
CAPITULO I

Bajo el misterio de mi sino, todo destino es un camino que nos conduce a un lugar
donde algo puede suceder. Casi nadie puede creer las historias que los demás narran,
relato de experiencias vividas a través de su pasado. Y aunque muchos tienen tendencias
y siguen ese famoso adagio de “hasta no ver no creer”, mis narraciones fueron vividas
en carne propia. De allí que este narrador, puede asegurar personalmente que la
totalidad de esta obra son vivencias escritas con SANGRE, convirtiéndose en un
maremagno caudaloso de ideas. Pero sobre todo, mi mayor interés es divulgar ante
aquellos que desconocen el dolor que padecen seres humanos, los sufrimientos de
quienes se encuentran tras las rejas cual si fueran fieras salvajes. En adelante con
franqueza moderada y discreta, sin zaherencia ni vejámenes que mortifiquen el amor
propio y los sentimientos del lector, les narraré a granel un compendio de
acontecimientos acaecidos en este pequeño mundo, ya sea en lo grande como en lo
pequeño, en lo alegre o en lo doloroso, en lo humano o en lo divino, en lo trágico o en lo
risible. Y lo sucedido en múltiples facetas del diario acontecer tras los muros de
cualquier prisión, sin excepción alguna. Quiero empezar contándoles que me llamo Elí
Sales... Bueno, no realmente; lo cierto es que mi verdadero nombre es Eliécer Sales, no
obstante me haya sido imposible salir de este encierro. Pero siendo yo muy pequeño, mis
compañeritos, tal vez por una gracia de cordialidad y determinación unánime,
decidieron desposeer mi gracia de dos vocales y dos consonantes, las últimas cuatro
letras, a las que a mí también me parecieron inútiles desde todo punto de vista. Por
aquel entonces, yo mismo me dispuse a borrarlas del todo, sepultándolas para siempre y
cubriéndolas con el epitafio que dice “Aquí yacen cuatro letras que murieron un nueve
de Abril de 1958 con décimo aniversario de la muerte de Gaitan”. Fueron sepultadas en
vida en un sepulcro y olvidadas para siempre por su inutilidad. Hoy en día todas mis
amistades me conocen con el diminutivo de mi nombre, Elí. Para aquel entonces era
consciente, con lo cual podía entender que esta mutilación de letras, no deformaba en lo
más mínimo mi personalidad, sino que por el contrario la había definido completándola
ostensiblemente, puesto que Elí me caracteriza desde todo punto de vista, legal y
civilmente. Por que conserva en toda su esencia mi propio nombre, viéndolo desde ese
ángulo. Analizando las cosas por otra parte, Elí ha venido a elevar encogidamente la
vulgaridad de la pronunciación de Eliécer. En mi concepto, este es un nombre algo
sofisticado, bien de caudillo o de patricio, no puedo considerarme identificado con
ninguno de los dos. Lo máximo que puedo aspirar o que se aproxime a mis autenticas
disposiciones, es precisamente ese denominativo nombre o sea Elí. ¿Por que?
Sencillamente, porque para mí tiene dos significados
¡ O es el alias de un
revolucionario o el de un simple prisionero! Pero eso sí, eminentemente Colombiano. De
manera que, siendo esta la forma más acertada y común para identificarme tanto legal
como correctamente, viene a ser a la vez mi bandera de guerra y mi medio de
defenderme. Siempre que alguien me llama Elí, es como si acabara de conquistar el más
codiciado trofeo y me hace sentir grande como el mejor de los deportistas cuando
compitiendo le otorgan el máximo galardón en el ejercicio de su profesión... Es como
estar en lo más alto del pódiun en una premiación. Pero Eliécer... Significa todo lo
contrario, porque viene a ser un nombre como para inscribirse en un puesto de
zonificación para elecciones de mitaca o presidenciales, tal vez para hacer colas en las