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-- De ese hermano país, sólo conozco por los lados del oriente, donde estuve trabajando
unos tres años con una firma petrolera francesa. Esto paso en Iquitos en el Ecuador en
los límites fronterizos con el Perú. Fue precisamente allá donde dejé de ser el señor
Dubá y me convirtieron en Mecié Dubá. Con esos franceses, unos ingenieros de petróleo
fueron con quienes aprendí el idioma francés.
-- Bueno, allá usted si dice que aprendió. En mi concepto, más bien me parece que ni
aprendió francés y en cambio se le olvido el español. Eso si que es abominable y
vergonzoso. Le dice Gustavo.
Para eludir esta broma, Mecié Dubá cambia inmediatamente de tema y vuelve a
referirse a Jairo.
-- Para mí, es completamente imposible que ese pobre infeliz pueda ser bígamo.
-- Usted no tiene ningún derecho de hablar mal de Jairo, tuerto, menos encontrándose
ausente. Lo mejor que puede hacer es no brindarle su amistad.
Mecié Dubá se llena de cólera cada vez que Gustavo le dice tuerto. Pero con todo y eso,
al contrario de otros días, hoy no ha dado muestras de querer protestar contra las
palabras pronunciadas en su contra.
-- Lo que usted dice es muy cierto. Jairo es mi amigo, pero también quiero hacerle saber
que solamente hablo mal de mis amigos. En cuanto a mis enemigos, prefiero no
mencionarlos. ¿No le parece a usted que seria muy peligroso andar hablando mal de los
enemigos? No me gusta tener problemas porque, me voy para el cementerio, o bien me
tocaría permanecer por más tiempo en este lugar.
-- ¿No será que usted lo hace por prudencia? Interroga Gustavo.
-- Suponga mejor, que lo hago por miedo.
-- Ni siquiera suponía que fuera usted un cobarde.
-- Y supone bien, no soy ningún cobarde. Simplemente padezco de una grave
enfermedad. Se llama la fiebre de mora, que es como he bautizado el afán de correr. Me
practicaron un tratamiento contra la cobardía. Pero aún sigo padeciendo el mismo mal.
Posiblemente ese tratamiento no funcionó en mi organismo. Esto aconteció cuando me
encontraba en medio de la espesura del Amazonas. Para acrecentar la cobardía, que
para los Boras significa coraje y valor, vivir en paz, que viene a ser según ellos la
guerra. Los guerreros indios Boras comen un queso que tiene cualidades muy
especiales, el cual preparan de la leche de las gatas. Una vez me dieron de ese queso, me
puse a comer esa porquería, pero que cosa tan desagradable... y mal sabiente. Cuando
ya me lo había tragado reputeaba y maldecía contra todos esos indios y toda su
generación, me hurgaba con el dedo tratando de vomitar, pero ya era tarde. En fin hoy
pienso que me engañaron con una tomadura de pelo y supongo que lo que me dieron
fue mierda de mico con sangre de culebra o quien sabe que porquería fue lo que esos
hijos de pera me suministraron, porque eso era mucha mierda desagradable.
-- ¿Qué le hace suponer que Jairo no pueda ser bígamo? Le pregunto.