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-- Hombre vea, no sea tonto... Es de suponer que para pescar un resfriado debe uno
encontrarse en un río de aire puro. No pretenderá decirme que Jairo se encuentra
expuesto a corrientes de aire en este lugar más que protegido.

-- ¡Ah! De manera que, según su política... Nosotros los prisioneros no tenemos ningún
derecho a enfermarnos. Exclama Gustavo.

-- Así es, mi estimado amigo. Confirma Mecié Dubá. No tenemos ningún derecho. El
resfriado no es una enfermedad para prisioneros, sino para los seres que están en la
libertad. En este “búnker”, a prueba de toda clase de aires, con humedad y mal oliente,
tendríamos suerte si pudiéramos contraer un simple reumatismo o una artritis. Estas
son dos enfermedades muy típicas y comunes en los prisioneros. Gracias a las prisiones,
la ciencia médica vino a descubrir la existencia de la artritis y el reumatismo.
-- Mecié Dubá, ¿sufre usted de esas enfermedades que dice son contraídas sólo por
prisioneros? Le pregunto.
-- No, ni más faltaba, soy de los pocos prisioneros que aunque somos viejos, estamos
inmunes a esas enfermedades comunes. Pertenezco a ese pequeño grupo que frente al
reumatismo o cualquier enfermedad, somos fuertes como un roble, por eso me considero
un prisionero extremadamente excepcional. En mis años como prisionero y la vida
misma, me han dado una buena lección, enseñándome secretos ocultos consistentes en
darme la oportunidad de ser, de uno u otro modo, un ser extraordinario desde todo
punto de vista.
Su política personalista y egocentrista, tienen totalmente convencido a Mecié Dubá, de
ser una persona con cualidades muy extraordinarias porque a través de toda su vida
transcurrida en la prisión, no ha contado con la suerte de contraer un reumatismo. En
esto pienso que puedo compararlo con la forma de tribunal del gran Sócrates ¿ y saben
porqué? Pues bien, este famoso pensador, con igual criterio tildó de alergia el solo
hecho de que le suspendieran los grillos. Por esta razón, se desprende el que yo pueda
razonar que Mecié Dubá es tan grande como Sócrates.
El mundo, para Mecié Dubá, se encuentra dividido en dos partes fundamentales; lo
que se encuentra dentro de los muros de la prisión y el mundo exterior que la rodea.
Similares conclusiones han sacado con respecto a los estornudos de Jairo, tiene por
costumbre aplicarle a todos los conceptos y acontecimientos de la vida, los mismos que
para él pertenecen o no a la prisión, en el mundo exterior que la rodea.
Mecié Dubá, es de esos que cuando tocan un tema no terminan jamás, continua
hablando.
-- En mis años, sólo he tenido la suerte de ver estornudar como lo hace Jairo, tan
seguidamente, no estoy exagerando, a un muerto. Compartíamos la mismo celda en el
patio noveno en la Modelo. Sin estar enfermo, de repente se murió, este desventurado
colega mío. Como a los cinco minutos de haberse “Petaquiaó”, le entró un ataque de
estornudadera que no paraba. Esto me produjo más susto que su muerte. Supongo que
dentro de aquel infeliz prisionero debió quedarle algún mecanismo que no murió con su
cuerpo, posiblemente, por la acción separada que continuó funcionándole aún después
de su defunción, como las manecillas de un reloj que continúan su marcha por varias