LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf

Vista previa de texto
““Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a
todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mt.24:14).
Esta famosa cita de Jesucristo se ha tomado e interpretado a la ligera, sin notar
que Jesucristo estaba dando allí mismo la clave fundamental para entender los
tiempos proféticos que restaban al plan de Dios. De esto hablare con detalle más
adelante. Por ahora démonos cuenta de lo que había y no había en la mente de
los antiguos profetas y en los apóstoles del cordero. Notemos específicamente lo
que no había en la mente de los receptores judíos del sermón profético.
LA BATALLA EN LA MENTE JUDIA PARA ACEPTAR EL MISTERIO ESCONDIDO
El apóstol Pedro tuvo que ser aleccionado por Dios mediante una visión que se
repitió tres veces. Él fue prácticamente forzado a ir a predicarles a los gentiles en
la casa de Cornelio, y no abrigaba la mínima intención de bautizarlos. Pedro
mando que bautizaran a los gentiles solamente porque Dios interrumpió su
sermón, derramando sobre ellos el Espíritu Santo como al principio hizo con los
judíos. Si el Espíritu Santo no hubiera caído repentinamente sobre los gentiles, el
apóstol no los hubiese mandado a bautizar. La elocuente señal de Dios que
interrumpió su forzado sermón es precisamente lo que el apóstol arguye después
ante la iglesia judía, como prueba de que fue Dios mismos quien había abierto la
puerta de la salvación a los gentiles (Véase Hec.10:1-48,11:1-20,13:45-49).
¿Acaso Pedro no había tomado en cuenta las declaraciones directas de Jesucristo
respecto de la predicación a los gentiles? La verdad es que Dios ya tenía
preparado un instrumento muy especial para revelar y explicar este misterio, y ese
instrumento no era Pedro.
Examine usted las escrituras y vera que la asimilación del misterio oculto
(salvación para los gentiles) fue lenta y progresiva en la iglesia judía. Incluso el
mismo Pedro, años después, fue llevado en una simulación carnal, retrayéndose
de la obra que Dios estaba haciendo entre los gentiles. (Gal.2:1-16).
No culpemos tanto a los apóstoles del cordero, porque ahora sabemos por las
escrituras que Dios había estado preparando a un vaso especial, o un
“instrumento escogido”, para aclarar a todo hombre bajo el cielo este gran
misterio y su completo desarrollo. La responsabilidad de nosotros ahora es muy
sencilla: Creer a ese “Apóstol, profeta y maestro” enviado para aclarar este
importante segmento de la profecía bíblica, o seguir las opiniones de los maestros
modernos que se le oponen.
David había profetizado así:
(Sal.130:8) “Y él redimirá a Israel De todos sus pecados”.
78
