LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf


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Otra vez: ¿Dónde está el énfasis en los siguientes pasajes?.
(Jer.8.13)“Los cortaré del todo, dice Jehová. No quedarán uvas en la vid, ni higos
en la higuera, y se caerá la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos”.
(Mat.21:19)“Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada
en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se
secó la higuera”.
Un árbol frutal debe dar fruto. De hecho, es un oprobio que un frutal solo de
hojas. Fue drástica la acción del Señor con la higuera estéril; El Señor le había
dado tiempo… pero en vano. En la naturaleza es muy raro que una higuera no
fructifique, porque es uno de los frutales más fecundos y responde bien en todas
las altitudes. En otras palabras, una higuera “no tiene excusa” para no fructificar.
(Luc.13:6-9)“Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada
en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.7. Y dijo al viñador: He aquí,
hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala;
¿para qué inutiliza también la tierra?8. El entonces, respondiendo, le dijo:
Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone.9.
Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después”.
Esta es una parábola dada a los oyentes en Jerusalén, cuando se les exhortaba al
arrepentimiento. Noten el reclamo, “¿Para qué inutiliza más la tierra?”
Atención: La reconquista de la tierra de Israel se torna inútil a los ojos de Dios si
no se da el fruto esperado en el pueblo. No hay duda: La existencia, y aun la
supervivencia de la higuera dependen de su fruto. Si la higuera o la vid no dan su
fruto se torna inútil su existencia. ¿Cuánto más si se la ha cuidado con esmero?
(Véase Isa.5:1-7).
“Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de
Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí
clamor”.

Bien, pues ya hemos encontrado el correcto enfoque para la interpretación de la
parábola de la higuera, la cual Jesús nos desafía a discernir. En concreto, no se
trata en esa figura solo del establecimiento del país de Israel en sí, y tampoco se
trata solamente de la reconquista de Jerusalén en 1967. Si bien estos eventos
históricos son lógicamente imprescindibles para todo el proceso del plan divino, no
son sino los medios naturales para que al fin se de ese fruto tan esperado que
enfatizaron todos los profetas en las sagradas escrituras. (Véase Jer.24:6-7).

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