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La otra mirada
Barcelona:
cuando el turismo
pierde su encanto
Detrás de las bondades del turismo se hallan, no pocas veces, diversos problemas que socavan sus contribuciones reales
al progreso económico y el bienestar general. Ni grandes potencias del ramo escapan a efectos indeseables,
como los referidos en este artículo, que ya despiertan reacciones ciudadanas en busca de un mayor equilibrio
entre el interés empresarial, el disfrute de los paseantes y la calidad de la vida cotidiana en los centros de atracción turística.
MIGUEL SALAS*
Barcelona es una ciudad fantástica para quienes la visitan y un
estupendo negocio para algunos afortunados, pero empieza a
ser un drama para muchos de sus habitantes que la aman. En
varios barrios han surgido movilizaciones para protestar por
la presencia desmedida de visitantes en los espacios públicos,
por la expulsión de vecinos en ciertas zonas, por la precariedad de los trabajos asociados al turismo y por la concentración de los beneficios económicos en unas cuantas manos, sin
mayor provecho general.
Barrios por un Turismo Sostenible. Teresa, representante del
Barri Gòtic, explica las razones de la lucha vecinal: “En nuestra organización hemos discutido mucho sobre el tema de los
apartamentos turísticos. El Gòtic es uno de los cuatro barrios
de Ciutat Vella con mayor densidad de esos apartamentos y
sobrecarga de visitantes. Desde 2008 se desencadenaron las
quejas de los vecinos y, lejos de resolverse, el problema ha ido
en aumento. Un apartamento turístico en un edificio afecta
a los vecinos porque implica ruidos constantes, la entrada o
salida de personas a toda hora y la pérdida de sentido comunitario. Las perturbaciones cotidianas orillan a los habitantes
en renta a buscar otro sitio donde vivir y, si el apartamento
es propio, a venderlo. ¿Y quién lo compra? No lo adquiere
un vecino sino una persona o empresa que quiere poner otro
apartamento turístico; así, los edificios se van vaciando de vecinos y la población va disminuyendo. Es un fracaso de las
políticas habitacionales. Paradójicamente, se dispara el valor
de los apartamentos para uso turístico y se desploma para
fines residenciales.”
Casi ocho millones de turistas pernoctaron durante 2015 en
la capital catalana, cuya capacidad de alojamiento asciende
a unos 125 000 lugares en camas de hotel y viviendas autorizadas. Hay barrios en los que existen más espacios para turistas que habitantes censados. Según datos del propio Ayuntamiento, en ciertas áreas del distrito de Eixample la cantidad
de plazas de alojamiento turístico triplica la de residentes; en
otras de los barrios de la Barceloneta y Diagonal Mar, la duplica, y en el Barri Gòtic hay sólo dos vecinos por cada plaza
para visitantes. Por la abundancia de apartamentos turísticos
ilegales, empero, el desequilibrio real supera al mostrado por
las cifras oficiales.
En 2014 la Barceloneta fue escenario de manifestaciones públicas de inconformidad vecinal, mientras quienes viven en las
cercanías del templo de la Sagrada Familia, obra monumental del arquitecto Antonio Gaudí, se sienten invadidos por las
oleadas de visitantes y el 20 de febrero pasado marcharon por
las calles del barrio en contra del turismo masivo.
A partir de las primeras protestas compartidas, cuenta Teresa,
“decidimos constituir una asamblea de barrio como espacio
de coordinación y para proponer soluciones mediante la participación popular, la crítica y la movilización. Queremos que
haya debate entre la ciudadanía y las instituciones. No estamos
en contra del turismo, sino a favor de que sea regulado, porque
esta ciudad no puede soportar que siga creciendo la presión
visitante”. Eduard, representante de Las Ramblas, añade al
respecto: “Suele haber tanta gente en la calle donde vivo que
resulta casi imposible salir de casa. No hablo de un momento
extraordinario. Es así cada día y todos los días del año”.
Para coordinar los movimientos de protesta, más de 40 asociaciones vecinales de toda la ciudad formaron la Asamblea de
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