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La otra mirada

Para Francesc Magrinyà, urbanista y consejero del distrito de
Eixample, el impacto más negativo del turismo desordenado
es que “el espacio público deja de estar al servicio de sus habitantes. […] Desde la perspectiva social, además, se observa
que la política sectorial apunta a elevar la rentabilidad del negocio a costa del salario de los trabajadores del ramo y con la
ampliación de la oferta de servicios sin nuevas contrataciones
laborales. […] A escala económica, se desplaza a actividades productivas que generan más empleos y de mejor calidad
para abrir paso a la economía asociada al turismo que ocupa
el espacio central de la ciudad”.

alrededor. Solo hay que ver las campañas propagandísticas
emprendidas por los lobbies turísticos y las agrupaciones patronales, así como por la mayoría de los medios de comunicación, cuando el Ayuntamiento tomó medidas de control o
moratorias en la legalización de plazas turísticas. La percepción sobre las presiones del turismo no es igual en los barrios
afectados que en otros más alejados del centro, a los que apenas llegan visitantes”.
Enric aclara que el turismo, en sí mismo, “no es un problema
y en algún momento todos también somos turistas. No se trata de enemistar a visitantes y vecinos. Detrás de lo que ocurre
con el turismo se encuentran una determinada voluntad política y un modelo económico en el que pareciera que no habría vida para la ciudad más allá del turismo. Se ha facilitado
el ingreso de grandes capitales e inversiones de riesgo, algunos
provenientes del Golfo Pérsico o que tributan en países como
Luxemburgo, lo cual favorece un modelo económico de tipo
extractivo, en busca de una rápida rentabilidad de la inversión, sin importar los efectos en el territorio y en el medio
social en el que se desarrolla la actividad”.

Las palabras “turismo” y “sostenible” pueden llegar a parecer antagónicas. Sin embargo, cada vez resulta más necesario desarrollar el turismo sostenible, es decir, tomar en cuenta
la sostenibilidad ambiental, social y económica del turismo.
En efecto, opina Teresa, no se trata de términos opuestos. Lo
insostenible, afirma, “es el deterioro actual de los barrios afectados por el turismo masivo. Se debe alertar a nuevos barrios
de lo que puede ocurrirles, por ejemplo al de Sant Antoni, y
planificar el decrecimiento del número de visitantes. Al combatir los perjuicios del turismo masivo, se defiende a la ciudad
y un nuevo modelo de convivencia respetuosa con la población que preserve la sostenibilidad social y ambiental”.

Frente a la invasión turística, la Asamblea de Barrios por un
Turismo Sostenible promueve cinco propuestas puntuales:

Enric, del barrio de Sant Antoni, considera urgente parar el
desenfreno turístico. “Hay zonas de la ciudad —señala— en
las que sencillamente es imposible vivir, como en los alrededores de la Sagrada Familia, las Ramblas, el Barri Gòtic, el Poble Sec y muchos otros sitios. El Ayuntamiento ha suspendido
la autorización de nuevos alojamientos turísticos y prohibido
construir más hoteles en las zonas centrales de la ciudad. Se
trata de medidas necesarias, aunque deben ir acompañadas
de otras como la aplicación de impuestos especiales, el control sobre el arribo de cruceros y el cobro a los operadores
turísticos de las repercusiones que su actividad tiene sobre la
ciudad en materia de limpieza, manejo de residuos, provisión
de servicios conexos, etcétera.”

• Suspender las nuevas licencias de establecimientos turísticos.

En Barcelona el crecimiento turístico ha sido tan vertiginoso
que en sólo una década se duplicaron las plazas de alojamiento hotelero y año tras año aumenta el número de visitantes,
al grado de que se habla de una posible “burbuja turística”,
semejante a la “burbuja inmobiliaria” que fue uno de los detonantes de la actual crisis económica española. Para Barcelona, sobra decir, el derrumbe del negocio del turismo representaría una catástrofe mayúscula.

Durante los próximos meses, sin duda, se intensificarán las
batallas vecinales contra el turismo invasivo en Barcelona. El
tema inquieta a mucha gente de los barrios catalanes, las medidas de contención planteadas por las nuevas autoridades
municipales se consideran insuficientes y las críticas públicas
a un plan especial en materia de alojamientos turísticos no se
han hecho esperar. Hay conciencia de que la movilización organizada desde los barrios será la mejor arma ciudadana. La
Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible está segura
de hacerse escuchar y de que sus acciones serán tanto para la
ciudad amada como para la vida diaria de sus habitantes.

• Apostar por el espacio público y no por privatizarlo.
• Establecer un Consejo Ciudadano de Turismo, con participación de los barrios.
• Auditar y transparentar las acciones de los órganos públicos
y público-privados relacionados con el turismo.
• Ampliar el control y el estudio de los establecimientos turísticos, del flujo de cruceros y del impacto social y ecológico
de la actividad sectorial.

Sin un proyecto para orientar y diversificar la economía, sostiene Enric, el turismo se convierte “en una suerte de monocultivo que además arrasa con muchas cosas de la ciudad”.
No es fácil acotar el turismo para prevenir efectos indeseables,
reconoce, ya que también genera “beneficios rápidos a quien
pueda aprovecharse y son muchos los intereses creados a su

* El autor es miembro del Consejo Editorial de la revista Sin Permiso.
El artículo apareció a finales de febrero último en la página electrónica de esa publicación crítica española; el título y algunos cambios
editoriales en el texto son de Inventario. l

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