Revista Ambiente Siglo XXI. N° 27 enero febrero 2011.pdf

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Volumen 3,
Nº
27.
Ambiente
Siglo
XXI
Página 8
Una ética evolutiva de la biología de la conservación*
“It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants
of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitClaudio J. Bidau
ting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect
Dirección: Paraná y
Los Claveles, Garupá, that these elaborately constructed forms, so different from each other, and
Misiones, Argentina. dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced
by laws acting around us […]. There is grandeur in this view of life, […] and
E-mail:
whilst this planet has gone cycling on according to the fixed laws of gravity,
bidau47@yahoo.com
from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.”
*En memoria de
Charles Darwin, ‘The Origin of Species’, 1859
Chico Mendes
El motor para el nacimiento de la Biología de la
Conservación, ha sido la pérdida continua y acelerada de la Biodiversidad global y la alteración antrópica creciente de los ecosistemas en tiempos
recientes (1). Las últimas décadas testificaron un
incremento sin precedentes de daños irreparables
a la Biósfera así como tempranas advertencias (2).
Los taxónomos que describen en forma continuada
nuevas especies de todo tipo de organismos vivientes, probablemente estén perdiendo una desigual
batalla contra la extinción mediada por la acción
humana.
La Biología de la Conservación es un campo interdisciplinario cuyo objetivo es establecer las bases
científicas de la preservación de la Biodiversidad y
el manejo racional de poblaciones, especies, comunidades y ecosistemas. A la vez, utiliza las observaciones empíricas y resultados de las prácticas
del manejo de la tierra, como una fuente primaria
de información, discernimiento y decisión.
Los biólogos de espíritu conservacionista reconocemos múltiples factores correlacionados que contribuyen a la presente crisis ecológica: el crecimiento exponencial y descontrolado de la población humana global, y el consumo per capita de
los recursos naturales (aún de aquellos llamados
sustentables o renovables), que excede largamente, a nivel mundial, la tasa de reposición. Simultáneamente, la desigualdad creciente en el reparto
de la riqueza (nunca hecha tan patente en estos
tiempos por la tragedia que atravesó el hermano
país de Haití), deja a miles de millones de personas viviendo perpetuamente al borde de la inanición y la pobreza. En tanto, una ínfima minoría
goza de un estándar de vida y una tasa de consumo sin paralelo en la historia. La pobreza severa
en naciones “no privilegiadas” es una variable mayor que contribuye (en gran medida, no intencionalmente), a la degradación y eventual desaparición de los ecosistemas, llevando a erosión masiva
de suelos, desertificación, deforestación, y depauperación y extinción de especies. Las escasas reservas naturales existentes globalmente son una
pobrísima compensación al apabullante daño universal a la diversidad biológica y al equilíbrio de la
Biósfera.
A su vez, las fabulosas tasas de consumo incrementadas
en
regiones
privilegiadas
(“desarrolladas”) del mundo, han generado formas
de desenvolvimiento tecnológico-industrial que
condujeron a la polución creciente de la Biósfera y
a cambios climáticos a una escala que carece de
precedentes históricos. Todo ello, probablemente
irreversible a corto plazo (es decir, a escala humana) si no se adoptan urgentísimas medidas finales
(lo que parece estar muy lejos de suceder).
Nuestra especie es una recién llegada al escenario
evolutivo y ecológico que es nuestro planeta: tal
vez nos remontemos a poco más de 100.000 años,
apenas un instante de los maravillosos casi cuatro
mil millones de años en que la vida orgânica evoluciona sobre la Tierra. Somos actores y público
en esta obra teatral. Asimismo, poseemos las
herramientas para discernir y decidir sobre cuál
será la trama y resolución del último acto de la
obra.
Son innumerables las consideraciones que pueden
realizarse a favor de la conservación de la Biósfera,
y de la maravillosa Biodiversidad que ella incluye.
Existen conceptos utilitarios y económicos que
ponen el énfasis en los beneficios que la conservación de las especies existentes y de los sistemas
que las sustentan, pueden contribuir al bienestar
de nuestra especie en la forma de recursos permanentes para combatir el hambre, las enfermedades
infecciosas y la degradación de la pobreza y la ignorancia, o para aportar recursos genéticos silvestres a nuestras fuentes domesticadas de alimentación (3).
Estos conceptos, tan fundamentales, solo pueden
realizarse a través del apoyo sostenido de las investigaciones científicas pertinentes por parte de
los gobiernos de las naciones industrializadas,
principales responsables de la actual crisis a través de un uso indiscriminado de los recursos, una
política imperialista de explotación de los pueblos
del Tercer Mundo, una oposición tenaz y criminal
a los movimientos de liberación, y la depauperación de sus fuentes de subsistencia.
Y, de políticas coherentes y no dependientes, de
educación biológica y ambiental por parte de los
gobiernos de los estados no privilegiados, que lleven al desarrollo de un debate consciente de políticas científico-tecnológicas y económicas autóctonas y de sentido social y comunitario.
Aún más, la Biodiversidad posee un valor estético
que nos debería impulsar a conservarla tal como
nuestras sociedades tienden a preservar las grandes obras de arte producidas por algunos miembros de nuestra especie a lo largo de la Historia.
