Revista Ambiente Siglo XXI. N° 27 enero febrero 2011.pdf

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Volumen 3,
Nº
27.
Ambiente
Siglo
XXI
Página 6
Conociendo el mundo alrededor de una raíz
M.Sc. Rosalía C. Paz
Las raíces de las plantas son verdaderas exploradoras de los vericuetos del suelo. Con su estructura ramificada y la presencia
de pelos absorbentes, lentamente van penetrando la estructura
del suelo en la búsqueda de zonas ricas en agua y en nutrientes.
Este proceso, junto con la actividad fotosintética de las hojas, es
esencial para la fijación de la materia y la energía en moléculas
de mayor complejidad que son el principio de toda cadena alimentaria. Sin embargo, gran parte de estos procesos en la raíz
solo son posibles por la existencia de un microscópico ecosistema
bajo tierra denominado rizósfera.
La rizósfera es la pequeña porción de suelo que envuelve a la
raíz de una planta.
Esta pequeña zona, de
menos de 3 mm de
espesor, está íntimamente relacionada con
el intercambio de materiales entre el suelo
y la planta, cumpliendo de esta manera un
rol importantísimo en
la nutrición vegetal.
Sin embargo, debido a
la dificultad de acceder a esta región y a
su sensibilidad a la
manipulación experimental, este minúsculo ecosistema es uno
de los menos explorados por la ciencia. Para tener una idea, se
sabe más de los procesos que ocurren en los
océanos profundos, o
las capas de hielo polar que los procesos que se
dan a unos pocos centímetros de la superficie del
suelo.
El suelo, por su parte, es el hábitat natural de la
gran mayoría de las plantas terrestres. Comparado con los sistemas atmosféricos o acuáticos como lagos y océanos, homogéneos por su naturaleza fluida, el suelo es un medio extremadamente
heterogéneo. Para profundizar un poco en esta
complejidad, podemos observar que el suelo es
un agregado constituido por cinco componentes
esenciales: a) materia de origen mineral
(proveniente de la erosión de las rocas madres y
de distintas composiciones y tamaños), b) agua
(que contiene diversos minerales disueltos), c)
gases, d) organismos vivos, y e) materia orgánica
(proveniente de la descomposición de los organismos vivos). Todo este complejo, lejos de ser un
ente estático, es altamente dinámico, y cada uno
de sus componentes interactúa activamente con
los restantes.
Las raíces de las plantas toman los nutrientes
disueltos en el agua del suelo. No obstante, si
estos nutrientes no se fueran renovando en esta
fase acuosa, rápidamente se agotarían. Esto no
ocurre porque las partículas minerales que componen el suelo están permanentemente liberando
minerales a esta solución. Sin embargo, muchos
de estos nutrientes liberados se encuentran en
una forma química que la planta no puede absorber. Aquí juegan un rol muy importante los
microorganismos del suelo convirtiendo estas
formas insolubles en formas solubles fácilmente
utilizables por la planta.
Por otro lado, si recordamos los eslabones de la
cadena trófica, en el último eslabón encontramos
los descomponedores, constituidos mayoritariamente por microorganismos como hongos y bacterias. Estos organismos utilizan para vivir el
remanente de materia y energía almacenada en
la materia orgánica que no ha sido utilizada por
los eslabones tróficos anteriores y devuelven al
suelo minerales, carbono, nitrógeno y otros. Estos compuestos se diluyen en el agua y son fácilmente asimilados por las plantas.
Vemos, de esta manera, la gran importancia que
tienen los microorganismos del suelo en la nutrición de las plantas y en el reciclado de la materia. Sorprendentemente, y aquí viene la parte
interesante de la cuestión, estos seres vivos no se
encuentran distribuidos uniformemente en el
suelo. Al contrario, se encuentran concentrados
en los denominados “puntos calientes” que representan menos del 5% del volumen del suelo.
La rizósfera es uno de estos “puntos calientes”.
Los estudios llevados a cabo en los últimos años
indican que las plantas invierten mucha energía
en esta porción del suelo liberando sustancias en
forma de exudados. Para tener una idea, más del
30 % del carbono fijado por la fotosíntesis realizada en las hojas es simplemente liberando por
las raíces al suelo en forma de azúcares. Estos
exudados generan un nicho ecológico óptimo y
permiten que una serie de seres vivos como hongos, pequeños insectos, gusanos y sobre todo
microorganismos sean atraídos hacia las raíces
de la planta y colonicen su rizósfera, desarrollando allí sus ciclos de vida.
