Revista Ambiente Siglo XXI. N° 06. Octubre.pdf


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Volumen 1,



5.

Ambiente Siglo

XXI

Continúa: El conflicto de la Agricultura...
La Agricultura Familiar, tiene sus bases en el desarrollo de la familia rural. Generalmente son pequeños y medianos propietarios de tierra donde la mano de obra
en muchos casos es la misma familia rural (ayudada por obreros rurales cuyas
familias también viven en el campo). Se caracterizan por una gran diversificación
de los cultivos, rotación de la agricultura con la ganadería (óptimo para el ciclado
de los nutrientes en la tierra) y procesamiento a pequeña escala de productos rurales (dulces, conservas, carne, etc). Abastecen sobre todo al mercado interno del
país. En este sistema el principal capital es el desarrollo social y la capacidad
humana antes que el capital financiero y se basa en el cuidado de los recursos
naturales y de las costumbres regionales.
La Agroindustria, por su parte, tiene por objetivo el lucro de la actividad
agrícola. Es llevada a cabo por grandes extensionistas y/o inversionistas que alquilan las tierras. Este sistema se basa en una búsqueda constante de mayores
rendimientos lucrativos a costas de una
sobreexplotación del suelo. Se caracteriza por extensos monocultivos, el uso de
elevadas dosis de agroquímicos y pérdida de biodiversidad. El principal mercado en este caso es el mercado exterior,
más rentable. Esta actividad, al ser especulativa, no tiene en cuenta el impacto
ambiental, dejando tras sí una estela de
ríos contaminados, suelos deteriorados y
pérdida de los cultivos locales y biodiversidad.
En Argentina, el principal modelo
agrícola hasta hace algunas décadas fue
la Agricultura Familiar. Sin embargo, las
oscilaciones económicas del país sumadas a políticas de desarrollo rural deficientes (deterioro de la educación, salud,
servicios, transporte como ferrovías) han
llevado a un aumento de los costos de
vida en el medio rural. Los pequeños y
medianos productores, endeudados y sin
posibilidades de crecimiento, terminan
arrendando, vendiendo o perdiendo sus
tierras dando paso a la entrada de la
Agroindustria.
El último censo rural realizado en
2002 (Censo Nacional Agropecuario)
brindó resultados alarmantes indicando
que el agro argentino se fue transformando a paso acelerado en una
“agricultura sin agricultores”. Se observó que las unidades productivas que se
perdieron fueron las de menos de 200 hectáreas, en cambio aumentaron las que
presentaban entre 1000 y 2500 hectáreas. Esa evolución de la propiedad y manejo de la tierra refleja la desaparición de la agricultura familiar en el país. También
reflejó una reducción en el número de propietarios pasando de 421 mil unidades
explotadoras registradas en 1988 a 333 mil en el año del censo (una reducción
del 21 %). Además se observó una disminución de la cantidad de hectáreas explotadas por sus propietarios, y un crecimiento de la superficie explotada bajo distintos tipos de contratos (arrendamiento, aparcería, contrato accidental, fideicomisos de inversiones).
Estas estadísticas solo llaman a la reflexión acerca de la hipoteca que estamos haciendo de nuestro futuro. Actualmente la ganancia del modelo cierra
económicamente por que no se tiene en cuenta el costo ambiental. Este costo,
tarde o temprano lo tendrán que pagar nuestras próximas generaciones.

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