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CuentoTitov2 .pdf


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Causaba asombro observar su actividad. No había duda de que algo lo impulsaba con
frenesí a cumplir con la tarea. ¿Que eran pocas líneas las permitidas? ¡Serían las
suficientes! ¿Que ignoraba sobre qué tratar? ¡Ni falta que le hacía!
Con gran ahínco se volcó de lleno, entonces, a encarar la faena, y mientras lo hacía,
intentando no excederse porque la limitación había quedado clara desde el comienzo,
iba al mismo tiempo dándose cuenta de que, en definitiva, no había contenido.
Pero la esperanza, dicen, es lo último que se pierde. Y yo agregaría que un ambicioso
esperanzado es aún más tozudo. Porque tozudo era un montón, y si no, ¿cómo explicar
el frenético desarrollo de su trabajo, que él sabía sin sustancia?
Se detuvo un instante y contó: una, dos, tres, cuatro, y así hasta diez. ¡Aún me queda!,
dijo inmediatamente, no sé si feliz o preocupado -siempre fue tan inexpresivo- y yo
sentí que quizás acá había algo más profundo. ¿Habrá perdido la cordura el boludo este?
después de todo, ¿qué carajo estaba haciendo? Pero he de confesar que, más allá del
asombro que sentía ahora por la actividad que desplegaba, no había antes dudado de su
cordura. Así que no pude más y lo interrumpí: -¿Pero qué estás haciendo, Titov2,
escribiendo como un pirado? Él me miró con ojos inquietos, dejó lo que estaba
haciendo, se acercó a donde yo estaba con su tablet, me mostró una página web y me
dijo, totalmente agitado -¿Entendés ahora, flaco? Yo miré la web y no entendí nada, así
que negué con la cabeza. Fue entonces cuando me explicó: ¡el gold llegó a 400 cc y
estos te dan 11 por un cuentito! Ahí lo entendí. Definitivamente no estaba loco.


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