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Los teóricos que se preocuparon por el urbanismo se interesaron paulatinamente
por las necesidades individuales, Vitruvio dedica bastante espacio a los problemas
propios de la arquitectura doméstica. Los miembros de las clases altas romanas,
cualquiera sea la provincia en la cual residan podían hacerse construir una casa, o
restaurar una casa antigua siguiendo tipologías establecidas. El arquitecto disponía de
sólidos puntos de referencia, observaba una serie de principios generales para organizar y
orientar la construcción, conocía la tipología de las diferentes habitaciones con las
proporciones deseables, y los principios estéticos que le permitían guiar tanto la
organización de los detalles de la decoración como la realización de una columnata.
Todo esto explica la notable unidad de la arquitectura doméstica de las clases dirigentes,
quienes se insertan en un marco que les permite vivir a la romana cualquiera sea la
provincia que habiten; las grandes villas eran el medio más seguro de afirmar su prestigio
a los ojos de sus subordinados locales.
Durante el Bajo Imperio se puede observar que existe una importante similitud
entre la arquitectura de los edificios públicos y los privados. Se la percibe claramente en
la decoración de los mosaicos, en el mismo repertorio de motivos geométricos; también,
en ciertos casos, en los motivos más complejos. Existe también, de la misma manera en
las casas que en los demás monumentos, una tendencia idéntica a multiplicar los ábsides
o a utilizar cada vez más frecuentemente en lugar del tradicional arquitrabe, arcos
apoyados directamente sobre las columnas. Resulta significativo, en este sentido, que se
han planteado numerosos debates entre los estudiosos de este período, a propósito del
destino privado o público de ciertas construcciones.
Las diferencias sociales se manifiestan en las viviendas africanas de acuerdo al
crecimiento de las diferentes ciudades. Timgad, fundada por Trajano en el año 100 d.C.
se dividió estrictamente en cuadrados de alrededor de 400 metros cuadrados, sólo el foro
y algunos grandes monumentos sobrepasaban originalmente estas dimensiones. A medida
que sus habitantes se fueron enriqueciendo no pudieron ampliar sus casas en la zona
céntrica de la ciudad, limitada por la cuadrícula original, de ahí que se desplegaran en los
barrios periféricos, que desbordaron rápidamente la muralla original, con casas que
superaban hasta diez veces el tamaño de las insulae18 de los barrios centrales. Otras
ciudades, cuya organización no fue tan estricta permitieron una mayor flexibilidad y las
casas del centro pudieron permitirse el lujo de distribuir sus habitaciones en torno a un
peristilo. Los propietarios lograron expandirse invadiendo las calles o comprando los
terrenos vecinos para lograr una fusión de dos ó más lotes. Por ejemplo en Bulla Regia, la
casa de la caza nos muestra una vasta domus donde la ampliación del espacio permitió a
su dueño contar con dos vestíbulos, dos peristilos, dos exedras y dos triclinios, además de
la posibilidad de construir termas, letrinas y una basílica privadas.
El espacio doméstico africano en el Bajo Imperio
La riqueza y complejidad de la arquitectura doméstica de los poderosos está
condicionada fundamentalmente por las necesidades sociales del dominus. La
18

El término insula tiene dos acepciones:
a. se aplica a la casa de alquiler plurifamiliar, generalmente de varios pisos y que en un principio formaba
una manzana. Se opone a la domus que era la casa unifamiliar de la clase social acomodada.
b. por extensión se llama así al espacio arquitectónico estructurado de forma cuadrada o rectangular
generalmente rodeado de calles; manzana de casas.