EN ESTOS TIEMPOS DE LA TIERRA Noviembre de 2015 PDF.pdf

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de vuestras emociones, en cada una de vuestras relaciones. El Amor toma, como
lo dije, todo el espacio y todos los tiempos. Ahí, en ese momento, sabéis que
estáis de vuelta en vuestra Eternidad, independientemente de los marcadores que
especifiqué como la beatitud, la alegría y la paz.
Mi Presencia, que os es adquirida, pretende facilitarlo. De la misma manera que
el Arcángel Uriel ha acompañado vuestras diversas reversiones, me sitúo hoy como el Arcángel Uriel - en los últimos recursos a la Gracia, haciéndoos vivir la
Gracia de la última Reversión, del último Paso, donde el significado del
sacrificio se vuelve evidente. Pero acordaos que en ningún momento hay un
rechazo de la vida, tampoco de este mundo. Simplemente es visto como algo
que sólo pasa y que no dura.
Así, vosotros mismos podéis muy fácilmente averiguar que las alegrías como las
penas nunca pueden durar. Pueden tener una cierta duración pero nunca son
eternas, porque la vida en el seno de este mundo es una respiración, pero más
allá de esta respiración, de lo que pasa, de lo que muere y de lo que renace, un
poco como en cada primavera, cada año, cada vez hay una desaparición.
Sin embargo la Gracia - en el estado de Gracia - nunca puede desaparecer. Sólo
puede estar ahí, de manera cada vez más evidente y más permanente, sean
cuales sean, lo repito, vuestra edad, vuestros sufrimientos o vuestras alegrías. De
hecho, es el estado de Gracia que viene literalmente a quemar todo lo superfluo
con vuestro sacrificio y todo lo que no tiene que estorbaros más. Lo que sucede
en este momento es exactamente esto, durantes vuestros momentos personales e
individuales, y en muy breve a nivel colectivo.
Acordaos que el Amor no puede ser explicado, hasta diría, ni ser calificado,
porque en el momento en que calificáis el Amor, se vuelve limitado y
condicionado. Lo que no debe impediros expresarlo, manifestarlo y vivirlo con
vuestros hermanos, con vuestras hermanas, con vuestras familias, con todas las
relaciones que vivís, pero todavía no es el Amor. Al Amor verdadero, el que es
incondicionado, el que causa y desencadena el éxtasis por ejemplo, o la beatitud,
le da igual lo que le puede pasar a vuestra persona.
Lo que guardé de mi corta vida encarnada, es verdaderamente - más allá de las
dos experiencias místicas que viví - fueron sobre todo los momentos de mi
muerte donde estaba en una paz inconcebible como nunca me lo hubiese podido
imaginar, y en una beatitud tal que incluso se pudo ver sobre mi cara que llamáis
mortuoria. Es en este momento que realmente he sido liberada, y no antes.
Así, la muerte es efectivamente un nuevo nacimiento, pero es sobre todo una
liberación, y en estos tiempos de la Tierra, es un elemento extremadamente
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