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© Diego Levis 2000/2011
Arte y computadoras
de arte consigue que estos objetos, en principio carentes de todo interés artístico, alcancen de
pronto la categoría de obra de arte. El hecho de que encontremos un orinal en un espacio
dedicado al arte - presuponemos ¿por costumbre? que todo lo que se expone en una galería o
en un museo es arte- modifica nuestra percepción del objeto que adquiere una dimensión hasta
entonces desconocida que trasciende su interés puramente utilitario. ¿Se puede relacionar de
algún modo la obra de Duchamp con las formas artísticas surgidas de la computadora?
¿Cuál es la actitud del receptor ante el arte digital?
El arte por computadora se enfrenta, entre otras cosas, a un problema de legitimidad.
Las necesidades técnicas y materiales para su exhibición aumentan las dificultades que
existen para que el mundo del arte olvide sus preconceptos (y sus miedos) y deje de mirar con
indiferencia cuando no con desprecio el desarrollo de estas nuevas formas de arte que escapan
a las convenciones aceptadas50. El hecho de que la mayor parte de las propuestas no se hayan
desprendido todavía de la fascinación por la máquina y que tantas otras sean de una chatura
manifiesta no inválida los posibilidades expresivas de las técnicas digitales. Al fin y al cabo, a
nadie se le ocurriría invalidar la pintura al óleo o cualquier otra técnica pictórica por la
mediocridad de la gran mayoría de las obras que se pintan con ellas.
Lo que caracteriza a las manifestaciones artísticas realizadas con computadoras es que
cualquiera sea la forma que adquieran o el modo en que se presentan todas son objetos
informacionales hechos de una sucesión numérica de ceros y unos, un unificador algoritmo
matemático en el que no hay lugar para la ambigüedad. Toda obra digital es resultado de un
cálculo preciso.
Lo propio para acceder al arte digital son las pantallas (o eventualmente los cascos de
50 Afortunadamente, existen excepciones. Personas que forman parte del restringido y especializado mundo
del arte y que olvidando los prejuicios, se acercan con otra mirada a las nuevas formas de expresión. En el
arte electrónico argentino destacan en esta función la curadora y crítica Graciela Taquini y el crítico Rodrigo
Alonso
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