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© Diego Levis 2000/2011

Arte y computadoras

una sensibilidad y una facultad de aprehensión excepcionales 4. Lo cual, no obstante, deja
sin respuesta el aspecto primordial de la cuestión.
Nada en toda esta corta y necesaria aproximación a algunas de las ideas que rodean
al concepto de Arte nos permite vislumbrar claves que puedan servirnos para reconocer una
obra artística de una que no lo es. Por otro lado, no hemos de perder de vista que también es
lícito (y necesario) preguntarnos si tiene algún sentido intentar establecer cualquier forma
de "esencialismo" al hablar de arte.
Los cánones estéticos son cambiantes y como tales escasamente fiables. Teniendo
en cuenta esta consideración, para reconocer el carácter artístico de un objeto material o
inmaterial, resulta conveniente poner el énfasis en el uso significante que las personas y la
sociedad en su conjunto hacen de él, y no en su naturaleza o materialidad.
El término "uso" no debe confundirse con "consumo". Mientras "consumo" hace
referencia al acto de apropiación, asimilo "uso" a un proceso de interiorización de
sentimientos, conocimientos, reflexiones y valores, lo cual lo asocia a la idea de
"recepción". A este respecto la investigadora mexicana Carmen Gómez Mont (1995) señala
el papel decisivo que tiene el público en la conformación de la obra de arte. Si pensamos,
por ejemplo, en las latas de sopa "Campbell" de Andy Warhol comprendemos que no son
los aspectos formales lo que parece primar en la consideración y valoración de las obras de
arte, al menos no siempre. De un modo análogo, es frecuente que diferentes clases de
objetos de uso cotidiano (muebles, jarrones, vajillas, joyas, etc.) creados en el pasado
adquieran con el paso del tiempo la consideración de objetos artísticos 5.

4 A juicio de Read, la "agudeza de percepción que distingue al artista se adquiere al precio de inadaptación,
el incorformismo y la revuelta" (1977:114). Pre-juicios que corresponden a un cierto arquetipo de "artista"
surgido durante el siglo XIX y que a lo largo de décadas se ha ido consolidando en el imaginario popular (y
que se retroalimenta en la actitud de muchos artistas y pseudo-artistas que no dudan en asumir el rol que de
ellos se espera). No obstante, esta observación no ha de poner en cuestión la validez de la afirmación de
Read, y de todos quienes piensan como él, acerca de la especial sensibilidad de los artistas.
5 La concepción dominante acepta como obra de arte lo socialmente reconocido como tal, al menos en el
interior de un ambiente especializado, cualquiera sean sus cualidades intrínsicas (Aumont 1992) De este
modo, galerías, museos, curadores y críticos, en tanto supuestos depositarios del “saber” artístico, se
apropian de la potestad de distinguir o no a un producto de la creatividad humana con el aura de obra de
arte.

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