Naciones Unidas y las Armas de Destrucción Masiva Abril 2015.pdf

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de armas. En concreto, se explicaba cómo atacar un objetivo multitudinario mediante
peste bubónica obtenida a partir de animales infectados.
A lo largo de la historia se han visto ejemplos en los que se han utilizado armas
biológicas con el objetivo de dañar masivamente a los rivales de una guerra. Se
consideran especialmente útil en este contexto porque, además de por sus características
idiosincráticas ya explicadas, permiten destruir o incapacitar al enemigo sin dañar sus
armas o la zona en la que se encuentra. El suceso de este tipo más antiguo y
documentado está datado del 1500-1200 a.C, fecha aproximada en la que el reino de
Arzawa atacó a los hititas, imperio que estaba padeciendo un brote de Tularemia, una
enfermedad bacteriana. El pueblo hitita comprendió la conexión que había entre la
enfermedad y los animales que habían cogido a los fenicios de Symra, por lo que
evitaban la entrada de estos a varias ciudades y dejaron sueltos carneros a propósito en
los caminos de Arzawa. Los arzawaos cayeron en la trampa, se llevaban los carneros
porque en esa época eran muy valiosos y debido a ello aparecieron brotes de Tularemia
en las ciudades que los recogían. Con el paso del tiempo, el empleo de estas armas se
fue modernizando, se pasó desde el envenenamiento del agua o la comida hasta la
inoculación biológica. Durante la Primera Guerra Mundial, Alemania utilizó el muermo
y el carbunco –agente biológico que se reproduce por esporas- con el objetivo de
infectar caballos y mulas para mermar los suministros, pues por ejemplo gran parte de la
artillería rusa se transportaba a través de estos animales, y la movilidad de los enemigos.
La Segunda Guerra Mundial tampoco quedó al margen de la guerra bacteriológica:
Japón soltó una gran cantidad de bombas con contenidos víricos y bacteriológicos sobre
China. Algunas de ellas contenían Vibrio cholerae –bacteria responsable entre otras
enfermedades del cólera- y se arrojaban, por ejemplo, sobre embalses de agua, de forma
que miles de habitantes de las ciudades y aldeas cercanas contrajeran el cólera.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés),
clasifican las armas biológicas de la A a la C, de más a menos peligrosas. Las armas clasificadas
como “A” tienen elevadas dosis de mortalidad; las categorizadas como “B” mantienen una tasa
de morbilidad (proporción de personas que se enferman en un sitio y tiempo determinado)
moderada y una tasa de mortalidad baja; y por último las catalogadas como “C”, que engloban
las enfermedades infecciosas emergentes y por tanto, tienen un potencial de morbilidad y
mortalidad menor a las anteriores.
Agentes/Enfermedades según la clasificación de las armas biológicas de la CDC
IV.
A
Ántrax, Botulismo, Peste, Viruela, Tularemia, Ébola, Marburgo, Lassa, Machupo.
B
Brucelosis, Salmonela, Muermo, Melioidosis, Psitacosis, Tifus, Fiebre Q
C
Nipah, Hantavirus
Armas químicas
Las armas químicas son aquellas que utilizan las propiedades tóxicas de sustancias
químicas para matar, herir o incapacitar al enemigo. Sin embargo, aunque ya hemos
visto en el capítulo anterior que el empleo de organismos vivos se caracteriza como
armas biológicas, son también considerados armas químicas los productos tóxicos
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