Naciones Unidas y las Armas de Destrucción Masiva Abril 2015.pdf


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VII.

Conclusiones
Es evidente que la ONU apuesta por el desarme y la no proliferación de armas de
destrucción masiva. Para ello ha puesto en marcha varios mecanismos especializados:
numerosos tratados internacionales, conferencias, organizaciones y organismos
multilaterales. Aunque es cierto que sin sus medidas el escenario internacional en este
sentido podría ser mucho peor, es inevitable cuestionar su efectividad.
Para empezar por la enorme cantidad de armas de destrucción masiva que existen a día
de hoy aún en el mundo. Por ejemplo, en el terreno nuclear, las aproximadamente
16.300 armas que hay suponen un gran peligro para el planeta y la humanidad.
Por otro lado, hasta la fecha nunca se ha cumplido prácticamente ninguno de los plazos
en materia de desarme. Por ejemplo, el texto inicial de la convención sobre armas
biológicas de 1997 preveía un plazo de 10 años para finalizar el proceso de desarme,
que primeramente se prorrogó por 5 años hasta 2012 y posteriormente hasta 2015, sin
haberlo logrado aún. Incluso en operaciones que han tenido éxito no se han respetado
los períodos establecidos: aunque el acuerdo de desarme químico en Siria firmado en
septiembre de 2013 había estipulado como plazo máximo hasta diciembre del mismo
año, no llegó a completarse hasta mitad de julio de 2014.
Además, para que los tratados establecidos sean efectivos deben complementarse con
organizaciones que sean capaces de controlar el cumplimiento de sus obligaciones. Sin
embargo, en el ámbito biológico no existe y en el nuclear hasta que no ratifiquen su
anexión al TPCEN los 8 países restantes ya mencionados en el anterior capítulo, éste y
su mecanismo de observación (OTPCEN) no pueden entrar en vigor. El propio Ban Kimoon, actual secretario general de las Naciones Unidas, ha llegado a recalcar que la
entrada a vigor del TPCEN es un “asunto serio sin resolver en la agenda de desarme”.
Una de las principales trabas por las que el desarme, a día de hoy, sea prácticamente una
utopía es que no se avanza en las negociaciones pendientes desde hace años. La
Conferencia del Desarme no ha logrado negociar nuevos acuerdos desde hace 15 años y
recordemos que 4 de los 9 países nuclearmente armados no forman parte del TNP, pieza
clave para la paz y estabilidad mundial y que como hemos mencionado en el anterior
párrafo faltan 8 países por ratificar para que el TPCEN y el OTPCEN entren en vigor.
No es posible llegar a una resolución efectiva si en el tratado se quedan al margen los
partícipes necesarios. Corea del Norte, por ejemplo, ya ha advertido que tiene armas
nucleares y la capacidad de utilizarlas (aunque esto no se ha podido comprobar por la
ineficacia de los mecanismos de control actuales) tanto para disuadir como para atacar a
enemigos como EEUU; ha realizado diversos ensayos nucleares en los últimos años (el
más reciente en 2013); ha afirmado este mismo mes que seguirá desarrollando su
capacidad nuclear y tampoco es un secreto que recientemente ha realizado ejercicios
con armas biológicas, entre las que se encuentran la peste, la viruela y el ántrax.
En definitiva, mientras no haya un consenso internacional y siga habiendo países
desarrollando armas de destrucción masiva al margen, aunque algunos países que las
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