Felipe J. Muslera La Locura y la Imaginación, villanos de nuestra era.pdf


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LA IMAGINACIÓN (…y el peligro que representa)
Cuando somos niños (cuando yo era niño), usualmente se nos dice que es un
aspecto fundamental de nuestras vidas la imaginación. Amigos imaginarios,
juegos, historias… en fin, muchos ámbitos de nuestra vida incluyen la imaginación,
y es algo “apreciable” entre las cualidades “positivas” de un niño.
A medida que vamos creciendo, y al entrar en la adolescencia, ciertos aspectos de
ésta imaginación se tornan “negativos”, “atemporales” (“ya estás grande…”),
“crónicos” (“lo que imagines ahora define tu vida para siempre…”) y suelen ser
reprochados por éstas y otras instituciones de la moralidad humana; lo que es
“correcto” y lo que uno “puede (y debe) o no hacer según su condición social”.
Cuando alcanzamos la adultez, la imaginación alcanza ya un estatus de lujuria,
una amante a la que sólo podemos recurrir en los momentos más íntimos, amante
a la que debemos mantener oculta del resto de nuestra esfera social. En las
únicas ocasiones en las que se nos permite imaginar en público, es mientras
imaginemos algún tipo de plan que incluya consumir, producir, financiar o desear
algún tipo de producto o servicio.
Los desarrollos tecno-científicos han ayudado a extirpar de raíz el peligro de la
imaginación en las generaciones venideras, con la cada vez mayor oferta de
contenidos pre-imaginados. Los medios masivos de comunicación, las redes
sociales, la pornografía, la “versión científica de la humanidad”… nos invitan a
dejar de imaginar, y a consumir, nuevamente, las opciones presentadas como
“correctas”, “posibles”, y hasta “inevitables”.
El trabajo de imaginar es ahora de la ciencia, que, al servicio de la humanidad,
siempre estará disponible para brindarnos lo mejor de su capacidad imaginativa
(cuando sea económicamente oportuno, claro, y según de qué “lado” estemos se
tornará este “mejor” un aliado o el peor de los enemigos).

INCONCLUSIÓN
Mucho se ha dicho sobre la necesidad constante de cuestionar lo establecido y lo
universalmente aceptado. Mucho se ha hablado sobre el peligro que conllevaría
(para el cientificismo) un retroceso hacia un estado de constante cuestionamiento