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Desarrollo emocional.
Clave para la primera infancia
4. Dificultades emocionales
en niños de 0 a 3 años
do inanimado que por estímulos que provienen de la relación con otras personas. Su juego no es el
habitual, suele ser repetitivo y no posee valor simbólico.
6. Problemas graves de la expresión somática
El cuerpo, su funcionamiento y la regulación de las diferentes funciones como la alimentación, el
sueño o el control de esfínteres constituyen un escenario sensible a los trastornos ligados al desarrollo psíquico. Estas disfunciones o compromisos diversos relacionados con la vulnerabilidad frente
a las enfermedades somáticas han sido ya mencionados y están presentes en general en la crianza
de niños pequeños.
Dentro de este marco, sin embargo, se da la posibilidad de la existencia de afecciones más graves o
generalizadas que afectan el desarrollo de manera integral. En particular, ocurre en algunos niños un
detenimiento o retraso del crecimiento sin causas orgánicas que se vincula a carencias o distorsiones
graves en los vínculos tempranos y el entorno que rodea al niño, y que presenta mejoras cuando estos son abordados o cuando el niño cambia de entorno. Por ejemplo, se trata de niños que dejan de
crecer o dejan de aumentar de peso pese a recibir alimentación adecuada. Si bien este cuadro no se
limita a la primera infancia y se puede encontrar en la niñez en general y en la adolescencia también,
los riesgos que implica son mayores en los primeros años de vida.
Los casos más extremos de este tipo de situación han sido documentados desde la década de
1950, a partir de las observaciones de René Spitz acerca del hospitalismo*, que llega a los estados
de marasmo físico grave de bebés que no recibían cuidados personalizados sino compartidos
entre muchos niños, con muchos cuidadores en un marco de institucionalización. Esto remarca la
necesidad de vinculaciones específicas y estables del bebé en los primeros meses de vida como
un alimento invisible, pero de altísima influencia en la posibilidad de crecimiento y desarrollo tanto
físico como mental.
7. Trastorno por estrés traumático
Ya se ha hecho referencia al efecto de las situaciones traumáticas y el estrés agudo (un acontecimiento traumático grave y repentino) o crónico (diversidad de acontecimientos menos graves o repetidos
en el tiempo), que al no existir factores protectores que los morigeren, tienen efectos nocivos sobre
el desarrollo de un niño. Pensemos entonces que cuando estamos frente a ciertos modos de organización de la conducta del bebé o el niño pequeño, y de su relación con el entorno que difieren de los
esperables, debemos considerar en primer lugar si esas conductas responden a una reacción frente
a este tipo de situaciones.
El trastorno por estrés traumático ordena una serie de síntomas que pueden surgir en los niños
cuando estuvieron expuestos a una sola situación traumática severa o bien a una serie de sucesos
traumáticos relacionados o a un estrés crónico, sostenido. Considerando la importancia del entorno
para un niño pequeño, estos sucesos no necesariamente lo implican a él en forma directa, sino que
pueden estar ligados a la percepción de riesgos o situaciones traumáticas referidas a las personas
más cercanas a él.
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