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Desarrollo emocional.
Clave para la primera infancia

4. Dificultades emocionales
en niños de 0 a 3 años

3. La depresión
Los bebés también pueden presentar trastornos en su desarrollo derivados de estados depresivos.
Estos estados se encuentran ligados, en general, a carencias tanto cuantitativas como cualitativas en
los vínculos con sus cuidadores primarios.
Se puede inferir la existencia de una organización depresiva en un bebé cuando encontramos que falta
en él la natural curiosidad e interés tanto hacia las personas y los objetos que lo rodean, como hacia su
propio cuerpo (atonía psíquica o falta de tono vital), cuando disminuyen los intercambios sociales en la
relación del bebé con las personas que lo rodean y, además, cuando se muestra indiferente respecto
de la identidad de las personas con las que se conecta, es decir, actúa de modo similar con diferentes
personas, sin mostrar preferencias o rechazos. En este sentido, suele suceder que la angustia del
bebé frente a los extraños, que es un hito esperable del desarrollo cercano al octavo mes, no aparece.
Respecto de su motricidad, un bebé o un niño pequeño deprimido puede mostrar movimientos repetitivos o parciales –inicia movimientos y los interrumpe antes de haber terminado la acción–, y este
“enlentecimiento” es más notorio respecto de la motricidad gruesa que de la motricidad fina.
También puede suceder que un bebé deprimido presente mayor tendencia a enfermarse o a dormir
más tiempo que el esperable, o evidencie trastornos psicosomáticos. Asimismo, hay casos en que el
estado depresivo se traduce, más que en quietud y atonía, en estados de agitación e inestabilidad
motriz (moverse sin parar) y en insomnio persistente.

4. Dificultades en el espectro de la regulación
En algunos niños podemos encontrar una dificultad particular para regular, procesar y modular los estímulos tanto externos (luz, sonido, estímulos táctiles, orales, etc.) como propioceptivos
(internos). Esto los lleva a desarrollar o bien una gran sensibilidad a la estimulación sensorial o
bien una necesidad de niveles de estimulación superiores a lo esperable. Cuando esta dificultad
predomina por sobre las demás, se puede considerar la posibilidad de que exista una dificultad
en el espectro de la regulación.

Este tipo de problemática suele implicar también déficits cualitativos en las aptitudes para la planificación motriz, su modulación tanto en la motricidad gruesa como en la fina, el procesamiento visoespacial, el procesamiento auditivo-verbal o la articulación verbal.
Encontramos también en estos niños dificultades en el establecimiento de capacidades crecientes de
concentración y para regular la intensidad, la frecuencia y la duración de las respuestas emocionales,
en particular las emociones negativas (enojo, tristeza, frustración). Del mismo modo, los problemas
en el área del sueño y la alimentación también están presentes.
Algunas clasificaciones diagnósticas proponen diferenciar, dentro de este espectro, entre los niños
que son hipersensibles frente a la estimulación, aquellos hiporreactivos —que requieren de una estimulación superior a la habitual— y aquellos en quienes el centro del problema se encuentra en la
desorganización e impulsividad ligadas a la respuesta frente a la estimulación.

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