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Desarrollo emocional.
Clave para la primera infancia

4. Dificultades emocionales
en niños de 0 a 3 años

• La relación subinvolucrada, en la que el bebé y el adulto parecen estar desligados, y en la
que la conexión auténtica y espontánea entre ambos es solo esporádica, muy poco frecuente.
El adulto se muestra poco sensible o no responde a las señales que ofrece el bebé. Cuando el
adulto se refiere a su relación con el bebé, no hay consistencia entre su relato y la cualidad de
las interacciones observables. En estas, él ignora al bebé, lo rechaza o bien no lo conforta en
situaciones de necesidad. El adulto no logra hacer eco de los estados emocionales internos del
bebé. Las interacciones afectivas son mal interpretadas y poco reguladas por el adulto. Dentro de
este contexto, el bebé puede parecer tanto atrasado como precoz (autosuficiente) en sus aptitudes motrices y lingüísticas.
• La relación de estilo ansioso-tenso se caracteriza por interacciones tensas, restringidas, en
las que casi no están presentes los afectos placenteros ni los intercambios mutuos. El adulto
suele ser sobreprotector y mostrarse extremadamente sensible y preocupado frente a las señales que brinda el bebé. Su manejo del niño se percibe como torpe o tenso y en las interacciones puede predominar un tono emocional negativo. Adulto y bebé tienen ritmos y estilos
diferentes y no logran adecuarse uno a otro. En este tipo de relación, el bebé puede parecer
tanto sumiso como ansioso o impaciente.
• La relación colérica-hostil se caracteriza por una interacción ruda y abrupta, a menudo carente de reciprocidad emocional. El tono de las interacciones es hostil y agresivo, hay tensión,
y falta de afectos placenteros y entusiasmo. El adulto parece insensible a las necesidades del
bebé y su dependencia y estado de necesidad parecen enojarlo. El contacto físico hacia él
suele ser abrupto e intrusivo. El niño puede parecer asustado, ansioso, inhibido, impulsivo o
difusamente agresivo. Puede presentar conductas desafiantes o resistentes hacia el adulto,
pero también puede mostrarse temeroso, vigilante y evitativo.
Si cualquiera de estos estilos de relación predomina en el vínculo entre el bebé y sus cuidadores primarios es probable que existan también manifestaciones problemáticas en la organización psíquica
incipiente del niño, o al menos que su desarrollo óptimo esté en riesgo. Hasta ahora hemos descripto
las problemáticas situadas en los vínculos. A continuación vamos a desarrollar las problemáticas
ligadas al desarrollo integral individual del bebé.

2. La ansiedad
No es la presencia o ausencia de angustia, su calidad o incluso su cantidad lo
que permite predecir la enfermedad o el equilibrio psíquico ulterior. Lo único
significativo es la capacidad del yo para dominar la angustia.
Anna Freud, 1965
Este conjunto de problemáticas, es decir, las dificultades en el espectro de la ansiedad, deben ser
consideradas cuando el niño muestra niveles excesivos de ansiedad o miedo más allá de las reacciones esperables dadas las situaciones cotidianas que lo rodean en cada momento evolutivo. Se
observan miedos múltiples y específicos, o momentos de ansiedad o pánico sin que sea claro qué
es lo que los precipita.

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