Desarrollo emocional 0a3 simples.pdf

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La neuroplasticidad* (plasticidad cerebral) es un reciente descubrimiento de la ciencia que muestra
cómo el cerebro, a partir de sus propiedades, tiene la capacidad de moldearse de acuerdo con la
experiencia. Esta capacidad está particularmente desarrollada en la niñez, al mismo tiempo que se
va constituyendo el yo*.
Aprender, recordar, olvidar y recuperarse de situaciones (injurias) son algunas de las acciones que
se llevan adelante gracias a estas plasticidades. La neuroplasticidad depende de factores genéticos,
epigenéticos* y ambientales.
Las condiciones del entorno y la crianza en los primeros años de vida brindan
oportunidades privilegiadas para estimular estas capacidades.
Un niño es el producto de un entrecruzamiento entre la biología con la que nace, el contexto en el que
se cría y la capacidad psíquica y mental que va constituyendo.
Winnicott señala que el desarrollo es producto de la herencia, de un proceso de maduración y de
la acumulación de experiencias de vida, pero que se podrá dar o se verá alterado a menos que se
cuente con un medio suficientemente favorable 7.
f.
Organización de la comunicación preverbal y verbal
En el inicio, la fuente más importante de estímulos para un bebé es el cuerpo de la persona que se
ocupa de él. La presencia física, la proximidad cuerpo a cuerpo y el comportamiento interactivo sirven como una función reguladora externa para su organización psíquica y emocional. Los brazos del
adulto, las caricias, son el lugar donde las experiencias sensoriales y los estados internos permiten
la construcción de un rudimentario sentido de sí mismo.
Durante los primeros meses de vida, tocar y mirar son los modos de comunicación privilegiados entre
el bebé y sus cuidadores primarios. La mirada mutua, la progresiva capacidad de prestar atención
conjunta a eventos del mundo externo y el juego de expresiones afectivas transmitidas a través del
rostro son modos de relacionarse y actúan como precursores de dos aspectos fundamentales del
desarrollo infantil: la capacidad para la formación de símbolos (uso del lenguaje) y la capacidad de
empatía (capacidad para comprender los estados emocionales del otro).
En el intercambio del niño con los cuidadores primarios son importantes: el contacto visual, el diálogo
sonoro (el cuidador escucha al niño y le contesta), el diálogo tónico (alternancia de tensión-relajación
durante el juego y la alimentación), el sostén físico y el contacto (caricias, manipulación).
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7 Winnicott, D. W. (1958): Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona: Paidós.
