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Desarrollo emocional.
Clave para la primera infancia

1. ¿Qué es lo esperable en el
desarrollo emocional de un niño?

La sincronía* es un concepto usado a lo largo de múltiples campos, que se refiere a la relación temporal entre eventos y puede ser aplicada al estudio de las interacciones adultos-bebé. En ese sentido,
el concepto de sincronía incluye la concurrencia, la secuencia y la organización de las interacciones
entre el niño y los adultos. Tanto los cuidadores como el bebé interactúan en forma activa en un marco
de involucramiento afectivo que determina un intercambio con mutua reciprocidad.
El adulto a cargo del bebé “sincroniza” naturalmente sus comportamientos con los períodos en los
que el recién nacido está despierto y puede establecer una relación. El bebé comienza a detectar
contingencia entre discretos eventos en el entorno. Mueve sus miembros en coordinación con el habla
del adulto y hay secuencias contingentes entre su cuerpo y el comportamiento del otro, aun en bebés
prematuros y de bajo peso.
La sincronía describe la compleja “danza” que ocurre durante el corto, intenso y juguetón intercambio
entre el bebé y los adultos. Esta danza, que se va repitiendo con ritmos particulares para cada niño,
permite desarrollar cierta familiaridad con el estilo de comportamiento de ambos y con los ritmos de
interacción que se establecen entre ellos.
El reconocimiento del bebé de su propio control da lugar a la autonomía. Poco a poco empieza a
darse cuenta de que él puede controlar la interacción. Tras una etapa de sincronía, entonces, tiende
a interrumpir el diálogo, desviando la mirada hacia otra parte de la habitación o hacia su mano. En
este intercambio sincrónico existen momentos de atención y momentos de desatención. La autonomía
permite que los sistemas de intercambios sean flexibles y activos.
La relación madre-bebé o adulto-bebé está dada naturalmente por encuentros y desencuentros. Estos
últimos no son patológicos sino parte constituyente de la relación entre los adultos y el bebé. Son los
momentos en que un niño, por ejemplo, deja de interactuar con sus padres y se concentra en sí mismo o en otro estímulo interrumpiendo la comunicación momentáneamente. Es esencial, entonces, la
capacidad de reencuentro, es decir, que luego de un desencuentro pueda haber un nuevo encuentro 8.
Las primeras atenciones dadas al bebé por su cuidador primario y la manera en que este se ocupa
del niño durante las primeras horas y los primeros días de vida son esenciales para la aparición y el
desarrollo de las vocalizaciones, las expresiones faciales, el despliegue afectivo, la proximidad, el
tono del cuerpo, los movimientos y las caricias. Son los diversos modelos de relación que se observan
a través de todas las comunidades culturales y en diferentes mezclas.

No existe un solo modelo de crianza. Cada cultura propone a través de su lengua
original, sus pautas de convivencia, sus manifestaciones corporales y sus formas
de comunicarse, un modelo de crianza propio y original que le pertenece.

8 Tronick, E. Z. y J. F. Cohn (1989): “Infant-mother face-to-face interaction: age and gender differences in coordination and
the occurrence of miscoordination” en Child development. Nueva York: The Guilford Press.

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